Martes, 06 de agosto de 2013



Es raro, pero paradójicamente verdadero, que las mismas personas que proclaman a viva voz que el Alma nunca muere, que al ocurrir el tránsito se eleva inmediatamente al Cielo, son las mismas que quieren adorar por más tiempo en el santuario en que ellas convierten el cuerpo humano después del tránsito. Más cristianos, que creen que el alma se ha ido inmediatamente al Cielo, están resueltos a conservar y guardar el cuerpo como objeto de adoración que los miembros de ninguna otra secta religiosa. La verdad es, sin embargo, que no solamente el Alma, sino la personalidad y el carácter de una persona que hemos conocido, no están ya asociados de ninguna manera al cuerpo después del fallecimiento. El permitir que nuestros pensamientos se fijen por un momento sobre la forma física, es admitir nuestra debilidad en nuestra propia fe en la inmortalidad y en la unidad del alma y la personalidad.


Para el místico que comprende los verdaderos principios resulta chocante ver cómo se gasta dinero, tiempo y esfuerzo y complicados pensamientos terrenales, en grandes mausoleos, tumbas y arquitecturas de cementerio, relacionados con las tumbas y el cuidado de cuerpos sin vida. Muchos individuos jamás han contribuido con tanto dinero durante su vida, a favor de un monumento viviente de adoración, como lo sería una verdadera iglesia o una escuela parroquial, como las sumas que gastan en un monumento silencioso como lo es un mausoleo, una tumba o una lápida ornamentada.


Estas grandes estructuras son lugares para su propia adoración personal, egoísta y casi pagana. Van allí a derramar lágrimas, murmurar oraciones y entonarse con Dios y el Cósmico, en vez de acudir entre los vivos, o en el silencio de sus hogares, o en la Catedral del Alma, para hacer esto.


El tránsito o muerte es la completa separación de todo lo que es consciente, viviente, inteligente y real, de lo que es irreal, ignorante y terrenal. Nuestros pensamientos, nuestras plegarias, nuestra devoción y nuestra elevada consideración deberían seguir a lo que es real, a lo que conocimos más inmediatamente, a lo que más amamos y adoramos. En otras palabras, nuestros pensamientos de devoción deben seguir al Alma y la personalidad en su ascenso y en su elevación al reino superior. Con respecto al residuo, constituido únicamente por los elementos burdos y físicos, él pertenece a la naturaleza y debe regresar al polvo. Es una ley Cósmica que los elementos groseros del cuerpo físico, que proceden de la tierra por intermedio del agua y los alimentos que consumimos, deben regresar a la tierra para que esos elementos sean separados de nuevo y empleados en los procesos naturales de crear nueva materia viviente.


Enterrar el cadáver en la tierra es un método para permitir que los elementos corporales se desintegren y regresen a sus formas primitivas, separadas y elementales. Pero no es agradable ni substancial el pensar en el proceso de desintegración. Se está acercando el tiempo, tal vez dentro de varios siglos, en que las personas recordarán el sistema actual de enterramiento, como cosa bárbara y extrañamente primitiva, como nos sucede a nosotros cuando pensamos en las maneras antiguas de disponer de los restos humanos.

 

Cremaciones, Varanasi, India

 

El método natural, limpio y cabal es el de ayudar a la naturaleza en la más rápida desintegración del cuerpo, para que ningún estado antihigiénico o falto de sanidad pueda atacar al cuerpo perfecto. El mejor proceso es, indudablemente, la cremación. Con esto, el cuerpo entero no se quema, en el sentido ordinario de la palabra, porque ninguna llama llega al cuerpo y el calor no lo calcina. El calor eléctrico es tan grande que solamente absorbe la humedad del cuerpo y esta humedad constituye casi el ochenta y cinco por ciento de todo el cuerpo. Por el proceso de la evaporación inmediata y casi instantánea de esta humedad, el cuerpo no se quema ni achicharra sino que instantáneamente queda reducido a cenizas secas. La cantidad de cenizas que queda, después de extraída la humedad, es tan pequeña que para un ser humano corriente esa cantidad no es mayor de la que pueda llenar fácilmente un recipiente de dos litros de capacidad.


Un examen de estas cenizas demuestra claramente cuán rápida y eficazmente todo el cuerpo pasa por sobre una etapa de desintegración hasta llegar a un estado seco y bueno que es higiénico y natural, para que se efectúen los procesos de la naturaleza. Estas cenizas deben distribuirse inmediatamente en la superficie de la tierra o permitir que se mezclen con los elementos de la tierra. No deben conservarse por más de varios días después de la cremación.


Ciertamente que en ese residuo no queda nada de la forma humana, ni nada que la persona más devota quiera adorar y respetar. Por ejemplo, la filosofía Rosacruz recomienda que en el segundo o tercer día después de la cremación, las cenizas deben sacarse del envase, llevarse a una porción de agua, como un lago, río o el mar, y esparcirse en la superficie de las aguas o en su orilla, para que la humedad ayude a las cenizas a penetrar en el suelo y a mezclarse con los otros elementos.


Me pregunto cuántas personas comprenden que los despojos terrenales del cuerpo físico, al regresar a la tierra, se impregnan de nueva vida y gradualmente toman parte en la creación de nueva materia viviente. De las cenizas así distribuidas provendrán nuevos elementos para la planta viviente y la vida animal. Me parece un pensamiento hermoso la idea de que el cuerpo físico se reduzca rápidamente a cenizas sin pasar por un período desagradable de desintegración, para unirse pronto con los otros elementos de la tierra y comenzar el proceso de crear nueva materia.


Creo también que es hermoso pensar que esta nueva materia puede expresarse pronto bajo la forma de bellas flores, hierbas, árboles, plantas y tal vez pequeñas criaturas vivientes, y comenzar una carrera de evolución física. Ciertamente que esto es dar al cuerpo una oportunidad legítima de vivir de nuevo, así como sabemos que el Alma tiene su ocasión y oportunidad de vivir una y otra vez.

 

Dr. Harvey Spencer Lewis, F. R. C.  


Publicado por cutronio @ 22:11  | Simbolismo
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