Domingo, 04 de agosto de 2013


La agricultura era la base de la economía azteca y este hecho motivó el desarrollo de una gran habilidad para el cultivo y explotación de la tierra, con la consiguiente adquisición de conocimientos muy amplios.


Cultura

La tierra estaba dividida en comunidades familiares, perpetuadas a través de la herencia. La explotación agrícola intensiva, unida al constante aumento de población, parece haber sido la causa principal de la conquista de territorios adyacentes, llevada a cabo con la idea de que la tierra siguiera siendo la proveedora de los elementos indispensables para la subsistencia.


Además, los aztecas cobraban tributos de los pueblos sojuzgados. Estos fueron los que se aliaron con los españoles para luchar en contra de un enemigo común. De estos hechos ha surgido la frase tan famosa de que "los indígenas de México ayudaron a los españoles a vencer a los aztecas . . . y de que los españoles de México ayudaron a los mexicanos a emanciparse de España".


Al correr de los años se hizo presente en la vida azteca un marcado entusiasmo por la expresión artística, a través de la manufactura de telas muy vistosas y de variados y hermosos trabajos de alfarería. Esto trajo consigo el desarrollo de otro aspecto de la economía: el comercio, el intercambio y la industria organizada.

 


El jade era el material que más apreciaba el azteca, y se destacó notablemente en su aprovechamiento. El oro, si bien no carecía de valor para ellos, no constituía un elemento apreciado en la forma en que lo aprecia el mundo de ahora. ¡Ni tampoco en la forma en que lo apreciaban los conquistadores españoles! Esa indiferencia hacia el oro, de parte del azteca, fue lo que más asombró y desesperó a Cortés y a su gente, ávidos por llenar las arcas de la corona de España . . . y las suyas propias. Los españoles encontraron que los nativos usaban el oro en muy limitadas cantidades y solo para la fabricación de ornamentos de significación religiosa. Lo mismo hacían con la plata, tan abundante en el país.


Para la confección de telas utilizaban preferentemente el algodón y la necesidad de satisfacer la demanda de este producto originó un intensivo cultivo de numerosas variedades.


Los aztecas no se especializaron mayormente en la domesticación de animales con destino a usar la carne como alimento; entre los pocos que cuidaban para esos fines cabe destacar varias razas de perros, cuya carne era muy apreciada.


La artesanía, en general, ocupaba un lugar de mucha importancia en la cultura, y es de asombrarse ante la calidad y belleza de la manufactura de ciertos productos, especialmente si tomamos en cuenta la ínfima ayuda mecánica pues carecían de una gran variedad de herramientas.

 


Esta maestría se tradujo en los objetos de arte nativo que encontraron Cortés y sus hombres, y los que se han estado encontrando constantemente: jarrones de extraña belleza y diseño, maravillosos vasos de adorno, verdaderas obras de arte nativo, estatuillas y figurillas de extraordinaria calidad artística en cuanto a como demuestran la extraña condición estética de los artífices. En la decoración de las telas predominada el molde geométrico y una hermosísima combinación de colores.


Donde la expresión artística encontró su más elocuente prueba fue en la escultura y en la arquitectura. La actividad, en este campo, fue incansable, y debido a ello nos legó verdaderas maravillas, especialmente en los templos y palacios. Los bajo relieves son característicos, inconfundibles, únicos, sin parangón, como asimismo lo es la significación religiosa y científica de muchas de sus admirables concepciones.


Resulta innegable que el azteca heredó esa habilidad del pueblo de Teotihuacan, a través de los toltecas y chichimecas. Casi nos atrevemos a afirmarlo ante la similitud que se advierte en las sorprendentes construcciones en ruinas y aún en pie existentes en aquella ciudad legendaria.


La religión jugó siempre un papel preponderante en el desenvolvimiento y desarrollo de este aspecto de la cultura azteca, agudizando la habilidad del arquitecto para concebir su obra y para inspirar al escultor para sus asombrosos bajo relieves y al artista para sus extraordinarias concepciones pictóricas.

 


Obra destacada y famosa es el calendario azteca, tallado en piedra, que constituye la máxima expresión de la inmensidad que para el nativo era el universo. Investigadores afirman que ese calendario fue tallado en 1479, época en que el arte azteca llegó a su máxima expresión.


No existen pruebas de que este pueblo (como otros de la antigüedad) haya tenido afanes literarios, como los Incas del Perú, por ejemplo. Las inscripciones en los monumentos no bastan para exhibir ni siquiera las bases de una literatura incipiente. Ello, empero, no quita que haya sido un pueblo de gran fantasía y mucha imaginación.


Finalizaremos diciendo que la mayor parte de la actividad artística de los aztecas, que es la base fundamental de su cultura, estuvo relacionada con las exigencias impuestas por la religión.


Religión

Un libro completo (y de muchas páginas) bastaría apenas para mostrar la complicada estructura religiosa de ese pueblo admirable; múltiples eran sus dioses y misteriosas sus significaciones. Todo el complejo mecanismo religioso descansaba en el temor a las fuerzas naturales, ejecutoras de los designios divinos. Este concepto originó, probablemente, la evolución del arte, la cultura y quizás la propia organización social.


La religión de ese pueblo tuvo un gran significado filosófico, a la manera de la época, el que, posiblemente, ayudó mucho a la conformidad imperante.


Como en otros pueblos, vemos en el azteca predominar al Sol como deidad. Varias etapas (por lo menos cinco) fueron las edades o ciclos por los cuales pasaron y predominaron otros tantos soles. Al sol le seguían, en importancia, otras deidades menores, no menos de veinte: el Dios de la Lluvia, la Diosa del Agua, el Dios de las Nubes, etc. Todos ellos, no obstante, estaban relacionados o con los fenómenos naturales o con los animales que vivían en el Valle Central de México.


La "Serpiente Emplumada", Quetzalcoatl, se destaca nítidamente sobre la mayoría. Era, además, el Dios de la Civilización, y adquirió muchas formas al correr del tiempo.

 


Dioses similares a Quetzalcoatl encontramos, por ejemplo, en las ruinas de Teotihuacan y Chichén-Itza, pero con nombres diferentes.


El complicadísimo edificio religioso estaba exclusivamente en manos de los sacerdotes, de quienes dependía, en mucho, la devoción del pueblo, al que guiaban y "cuidaban". Tanto la teología como el ceremonial eran embrollados, tendiendo ambos al "cuidado y seguridad" del pueblo, para lo cual el sacerdote gozaba de un poder casi absoluto, con dominio mágico. El sacerdote, a quien temía el pueblo, inculcaba a este la forma en que debía creer en los dioses, cómo debía adorarles, cómo debía ayudar a la religión y ser sumiso a ella ya que se trataba de la única intermediaria entre lo divino y lo humano.


Se sabe que las matemáticas y la astronomía eran parte muy importante de la actividad religiosa. Ambas ciencias eran privilegio del sacerdocio y las usaban para calcular, la primera, y para adentrarse en la "morada divina", la segunda.


La división del tiempo tenía gran influencia en la religión, debido a la celebración periódica de ceremonias y rituales. Cada dios o diosa presidía cada uno de los veinte días que formaban cada uno de los dieciocho meses del calendario. Tenían nombres variados y curiosos: cocodrilo, viento, casa, lagarto, serpiente, cabeza de la muerte, ciervo, liebre, agua, perro, mono, pasto, caña, ocelote, águila, buitre, movimiento, pedernal, lluvia y flor.


Los aztecas practicaban el sacrificio humano, con fines religiosos, costumbre que heredaron los mayas cuando fueron conquistados por aquellos. Los prisioneros de guerra eran, preferentemente, las víctimas. Estas espantosas ceremonias se llevaban a cabo bajo la dirección y estrecha vigilancia del sacerdocio, y los infelices eran arrojados en medio de enormes hogueras, entre tanto los asistentes al bárbaro ritual bailaban escalofriantes danzas.

 


Los sacrificios humanos se efectuaban mensualmente, en fechas de dramática significación. Resulta curioso destacar que una religión cuya principal misión estaba destinada a "la preservación y cuidado de la existencia humana" trajera aparejada en su ritual la horrible práctica del sacrificio humano.


La pira no era el único medio de que se valían, pues en algunas oportunidades se practicaba la extracción del corazón, como parte culminante de un ritual escalofriante. Además de esta horrible práctica, el sacerdocio era el encargado de instruir a la juventud en los misterios de la escritura, en el conocimiento religioso, la astronomía y las matemáticas y el mantenimiento de la religión como poder intocable.


Poco o casi nada se sabe del sentir religioso personal del azteca común. Es innegable que creía en los dioses, y prueba de ello nos la da la costumbre imperante de tener un altar en el hogar, erigido con la idea de que fuera el medio para establecer "comunicación con los dioses¨.


En el hombre común no encontramos para nada el culto religioso que el egipcio tenía, por ejemplo, por la muerte. Al parecer, el azteca regia su vida espiritual sumisamente, con principios religiosos establecidos y regimentados; pero a la par de lo que ocurría con los mayas y con el pueblo de los Incas, la complejidad de la religión oficial, de la religión impuesta, debe haber conducido también a seleccionar deidades preferidas, a las que elevar oraciones en busca de ayuda en la diaria lucha por la subsistencia. A ese oculto rincón del corazón del azteca del pueblo no podía llegar la mirada vigilante del sacerdocio encargado de hacer cumplir una religión en la que la crueldad tuvo una parte tan preponderante.

 

Por Raul Braun, F.R.C.
Revista El Rosacruz A.M.O.R.C.
Enero de 1967 

Los Aztecas - Parte 1 de 2 - Origen y costumbres


Publicado por cutronio @ 15:21  | Historia y tradici?n
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