Domingo, 04 de agosto de 2013



Hay una pregunta muy difícil de responder: ¿Cuál es el origen de los Aztecas? Lo más acertado sería asegurar, como origen preciso, la era de Teotihuacan, debido a que ese ciclo parece ser el verdadero comienzo de una civilización que, al pasar por diversas manos, (Toltecas y Toltecas-Chichimecas), se destacaba claramente en el Valle Central de México a la llegada de los españoles. Pero de allí hacia atrás (como en el caso de los Mayas y del pueblo de los Incas) tropezamos con el mismo misterio.


Una pregunta que carece de respuesta es la siguiente: ¿De dónde vino el pueblo que construyó Teotihuacan? Sabemos que antes de ellos existía en esa zona un pueblo de pastores, de muy primitiva cultura, sin capacidad, por supuesto, para construir aquella maravilla.


Las investigaciones que se han hecho respecto a ese pueblo (o esos pueblos) primitivo, permite afirmar que en ellos no existió evolución alguna, en su condición de simples pastores, a una etapa, periodo o ciclo en el que se empezara a iniciar y evolucionara gradualmente una civilización capaz de inculcar a esa gente, a través de las centurias, la habilidad arquitectónica de que hicieron gala los constructores de Teotihuacan.

 


En principio, resulta poco menos que imposible el precisar el origen del pueblo azteca. Por otra parte, no discutiremos una débil afirmación: que el año 1168 de nuestra era es el que marca el comienzo de la constitución de los aztecas como nación, como imperio, heredado de la invasión a la zona ocupada por los Toltecas - Chichimecas (estos últimos "fusionados" con los primeros, después que aquellos fundaran el llamado "Primer Imperio Nahuatl")


Hasta ese preciso momento podemos afirmar que el Imperio Azteca fue una herencia que se remonta desde la fundación de Teotihuacan, lugar ocupado, a su vez, por los Toltecas, en forma que hasta ahora se desconoce. Este "enredo" histórico puede aclararse en parte al dar nombre a cada eslabón de la cadena:

 


1) Ciclo que podríamos llamar de las culturas preclásicas, formadas por pueblos pastores, el primero de los cuales debe haber llegado al Valle de México unos 1500 años o más antes de Cristo.

2) Ciclo Teotihuacaneco, formado por la llegada de un pueblo a esa zona, proveniente de no se sabe dónde.

3) Ciclo de los Toltecas de Tula.

4) Ciclo Tolteca - Chichimeca.

5) Ocupación de esa zona por el grupo étnico denominado Azteca, en ese hipotético año 1168 A.C. (Algunos historiadores no dan ese año como el de ocurrencia de esos hechos, sino que afirman que se confunde, probablemente, con el año de la invención del famoso calendario que se usaba en esa región. Esta idea tampoco es precisa)

 



Partiendo de los Aztecas, empecemos, entonces, a caminar hacia atrás, desde ese misterioso e impreciso año de 1168. No nos ocuparemos de la era Tolteca-Chichimeca pues esta se confunde mucho con los comienzos de la era Azteca.


Los Toltecas- Al principio de la década de los 40, en este siglo, algunos estudiosos e investigadores llegaron a la conclusión de que los Toltecas, antecesores de los Aztecas en el Valle Central de México, fueron gentes que vinieron de Culiacán, alrededor de la novena centuria después de Cristo, es decir, unos doscientos años antes de la probable aparición de los Aztecas en misión de conquista de aquel lugar, que dominaron y ocuparon.


De los Toltecas se dice que practicaban la ciencia de la arquitectura, que sabían mucho de agricultura, que poseían destacadas habilidades técnicas, especialmente carpintería y mecánica, y que tenían, como consecuencia, una cultura y civilización muy desarrolladas.


Se les asigna la construcción de palacios, templos y edificios, se dice que formaban un muy bien organizado imperio y que disfrutaban de una vida ordenada social y económica, así como arraigadas creencias y costumbres religiosas. Muchos historiadores los describen como un "pueblo errante por las zonas de México", fundadores de ciudades, diestros en el arte de la alfarería, con buenos médicos y buenos astrólogos, con sacerdotes, astrónomos y reyes. Es a los Toltecas a quienes se asigna la fundación del llamado Imperio de Nahuatl.


El Pueblo de Teotihuacan.- Yendo más atrás en el tiempo, nos topamos con el llamado "Pueblo de Teotihuacan", que habitara el valle de ese nombre y construyera, en una vasta área del mismo, monumentos, edificios y templos. Se afirma que los Toltecas o descendían de ese pueblo o lo conquistaron. Nos inclinamos a lo segundo, pero, ¿por qué cambiaron de nombre?

 


En ese sector del Valle de Teotihuacan encontramos, entre otras construcciones, la llamada Pirámide del Sol, que hace aparecer muy pequeñas a las otras monumentales construcciones existentes en el lugar. En los adobes de esa pirámide dicen que se revelan aspectos de la cultura teotihuacana, pero no sus orígenes. Casi podría asegurarse que esa gente fue la iniciadora de la arquitectura monumental en esa zona de América. Al parecer dominaron el sector cuando éste estaba ocupado por ese pueblo de pastores de que hemos hablado antes, ese pueblo también de origen ignorado que se supone llegó a esa zona 1500 años antes de Cristo.


¿De dónde vinieron, entonces, los fundadores de Teotihuacan? Lo que sí puede afirmarse es que no son descendientes de ese pueblo de pastores, porque a la llegada de aquellos cambió la fisonomía del lugar, por así decirlo, de un día para el otro: de región agrícola pobre a la maravillosa Teotihuacan.


Hay quienes dan a conocer diversos orígenes. La historia exige realidades, y en este caso no pueden exhibirse. Nada hay de cierto respecto al origen de estos antecesores de los Aztecas, de quienes estos últimos heredaron, al parecer, una civilización que se había purificado en manos de los Toltecas.


Los Aztecas, en consecuencia, nos ofrecen, en su origen, el mismo misterio Maya. El mismo misterio que envuelve el origen del pueblo de los Incas. La misma historia tres veces repetida en las tierras de nuestra América.


En conocimiento de este panorama de conjeturas, volvamos nuevamente al periodo Tolteca-Chichimeca, que condujo a la formación de la civilización azteca.


Dos centurias de caos, de fusión azteca-chichimeca-tolteca, podrían contarse entre los años 1100 a 1300 de nuestra era. En la centuria de 1100 a 1200, según se presume, "varias tribus llegadas al lugar iniciaron la gradual dominación de la zona", absorbieron con facilidad la cultura ya existente en el lugar y sentaron las bases del futuro Imperio de los Aztecas, del que nos ocuparemos seguidamente, destacando, en términos generales, los aspectos más importantes de sus costumbres, cultura y religión.

 


Costumbres

A los aztecas, llamados también los tenochcas de México, se les adjudica el mérito de haber sido la tribu que logró transformarse en poderoso estado, en ese estado que asombró a los españoles y nos asombra a nosotros, hombres del siglo XX.


¿Cuáles eran sus costumbres?
Al respecto podríamos decir que muchos y variados elementos, parte de ellos desarrollados, evolucionados y puestos en práctica a medida que se fueron necesitando, unidos a otros agregados debido a influencias e infiltraciones extrañas, fueron las bases de las costumbres aztecas.


Para atar cabos, sigamos la vida de un niño azteca, desde su nacimiento hasta la edad en que podía casarse; destaquemos los aspectos más descollantes de ese período y tendremos una visión relativamente cabal de las costumbres imperantes en esa raza de indoamérica.


Recién llegado al mundo, el niño era bañado y fajado por la partera que había atendido a la madre. Después de eso, cumpliendo dictados religiosos muy específicos, intervenía el sacerdote, llamado por los padres para que leyera en el Libro del Destino si ese día del nacimiento era o no afortunado.


Los días que seguían eran de fiesta, de buena comida, de algazara y de ofrecimientos al llamado Dios del Fuego, divinidad que los aztecas heredaron de los constructores de Teotihuacan, los que, a su vez recibieran, según se sospecha, de los pueblos de pastores que habitaban el valle antes que ellos.


Existía una marcada tendencia a orientar al niño hacia el futuro que debería corresponderle de acuerdo con su sexo: si varón, se le daban los juguetes de índole bélica y herramientas para que aprendiera a manejarlos, porque tendría que hacer uso de ellos más adelante: a sus manos podrían caer después las armas con que defendería el Imperio o los aperos agrícolas, utensilios o herramientas para cultivar la tierra, levantar edificios o tallar monumentos.

 


Si niña, desde pequeña sus manecitas se adiestraban, por la vía del juego, con el uso de elementos que le servirían para aprender el arte de hilar y tejer, dos de las más importantes ocupaciones de la hacendosa mujer azteca.


La educación comenzaba en edad muy temprana, poco después de cumplir los tres años, y siempre estaba orientada a la actividad que tendría que desarrollar en el futuro, ya fuera la carrera militar o las actividades civiles en general. El padre educaba al hijo y la madre a la hija. Ambos, por supuesto, eran enérgicos; primero la advertencia y para el recalcitrante el castigo corporal, a veces de una crueldad sin límites.


Después de la educación familiar, el niño ingresaba a la escuela. Una de ellas impartía un aprendizaje general y la otra estaba dedicada a los estudios sacerdotales. El arte de la guerra, al parecer, se aprendía por medio de la práctica, que no faltaba en un pueblo guerrero como el azteca.


Los veinte años era la edad en que podía casarse el varón; la niña se consideraba madura a los dieciséis.


Antes de que se celebrara el matrimonio intervenía el sacerdote, pues era costumbre que este informara si sería o no venturoso el destino de los contrayentes. Ambas familias intercambiaban regalos y la novia, el día de la boda, era conducida a la puerta de la residencia de su esposo. Se pronunciaban discursos alusivos al acto, se bailaba, se comía y se bebía con exageración.


Los aztecas toleraban la poligamia; se cree que esto era debido a que toda nación guerrera pierde muchos hombres en las batallas. El hombre podía abandonar a su esposa legítima si era estéril o faltaba al cumplimiento de sus deberes hogareños. A la mujer se le exigía castidad cuando soltera y absoluta fidelidad a su esposo, cuando casada. Al hombre, por su parte, se le obligaba a respetar a la mujer de su prójimo.


Al casarse, el hombre recibía un lote de tierra de la comunidad o de la heredad paterna si parte de esa tierra no estaba cultivada. La soltería imperaba entre los guerreros, con gran contento de parte de quienes estaban dedicados a la vida civil.


Cabe decir que las familias aztecas actuaban siempre para beneficio de la colectividad, en vista de que cada miembro tenía la obligación legal de protegerla y preservarla.

 


Pese a ser un pueblo esencialmente guerrero, el azteca no creó el problema que trae aparejado el prisionero de guerra, porque estos eran sacrificados en impresionantes ceremonias religiosas. No obstante esta costumbre, los prisioneros que demostraban habilidades aprovechables para beneficio de la colectividad, gozaban del privilegio de que se les perdonase la vida, porque no creaban problemas sino que ventajas. Un gran sentido práctico, sin duda alguna.


Las felonías castigadas por la ley las pagaba el delincuente con su libertad. Estos castigos se aplicaban por infracciones de orden general, como traición, complicidad en hechos delictuosos, secuestros, robos sin devolución de lo hurtado, etc.


La autoridad civil castigaba la delincuencia religiosa, como ser el robo a la autoridad sacerdotal, a los templos, la blasfemia, etc. Por su parte, la autoridad religiosa, que era la verdaderamente afectada, no proyectaba la amenaza de ningún castigo en el más allá, de lo que se infiere que eran más severas las leyes que hacían cumplir los hombres.


Existía una especie de esclavitud voluntaria, aprovechada por los que padecían de hambre y por los indolentes. Este tipo de esclavitud y la impuesta por las autoridades permitía que el afectado siguiera manteniendo el control sobre su familia, sus propiedades y, lo que es más curioso, que tuviera sus propios esclavos. Perdía solamente sus derechos a ocupar oficina pública; era, en parte, la pérdida de lo que actualmente llamamos derechos civiles.


Al ciudadano le estaba negado el derecho a pensar u opinar en asuntos del estado, a la posesión de fortuna y a la libertad de expresión como la interpretan los pueblos civilizados de hoy.


La base de la alimentación del pueblo la constituían los productos de la tierra y algo de carne. Su dieta era abundante, sana y nutritiva, muy semejante a la del pueblo vecino que más tarde conquistara: los mayas de Yucatán, Guatemala y Honduras.

 

Por Raul Braun, F.R.C.
Revista El Rosacruz A.M.O.R.C.
Enero de 1967

Los Aztecas - Parte 2 de 2 - Cultura y religión


Publicado por cutronio @ 14:16  | Historia y tradici?n
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