Mi?rcoles, 16 de enero de 2013

 

Todos los colores se originan principalmente por los rayos del sol o por las vibraciones de la luz solar. El blanco, como lo vemos a la luz del sol, es una combinación de todos los colores. En un laboratorio científico, esto se puede demostrar por medio de un disco que gira circularmente combinando segmentos de varios colores en la misma proporción en que se encuentran en el espectro solar. Cuando se le hace girar rápidamente se mezclan o revuelven todos los colores y da la impresión de un disco completamente blanco.

Muchos de ustedes han visitado el laboratorio de luz y color en el Edificio de Ciencias de AMORC y han visto cómo aprisionamos por medio de un prisma los rayos del sol y los descomponemos en un gran espectro; luego, por medio de una sencilla invención, dejamos que el movimiento y las vibraciones del sol hagan que esos colores formen magníficos cuadros místicos de paisajes, emblemas, formas fantásticas y demás.

Toda la vegetación, inclusive las flores, derivan sus matices de estos colores prismáticos del espectro solar. Pero hay una Ley Cósmica y un principio implicado en esto que es muy difícil explicar. El negro es la ausencia del color y nunca debería considerársele en sí como un color. Todo en la naturaleza abomina la obscuridad y la negrura y trata de vitalizarse con el color.

Por consiguiente, la rosa, el pensamiento, el no-me-olvides, y aún el lirio blanco, siguen una inclinación perfectamente natural al atraerse algo de tonalidad o una combinación de colores. Toda la vegetación, en su principio, gradualmente se fue ajustando a los elementos electrónicos de su composición en forma tal de atraer y dar la apariencia de color. Es por eso que nunca vemos una flor absolutamente negra, como tampoco vemos vegetación negra viviente.

 


Sé que se han hecho intentos de producir lo que pudiera llamarse una rosa negra y me he tornado gran empeño en cerciorarme de estos caprichos de la naturaleza que han producido algunos especialistas en la materia por medio de procedimientos laboriosos, interfiriendo o utilizando algunas leyes de la naturaleza. Con todo, la rosa más negra que se haya exhibido no es realmente negra sino de un color púrpura muy obscuro, tan obscuro que en la luz ordinaria parece negro. 

Sin embargo, el arrojar sus rayos la brillante luz solar sobre la superficie de tal flor, pudo apreciarse en varias partes, con el brillo del reflejo, el color púrpura subido. Pero aún las flores que ostentaban un leve matiz purpúreo, abominando de la obscuridad y negrura de su color, muy pronto producían otras rosas que inmediatamente tendían a la reversión del color y tipo original.

El olor es también el resultado del arreglo, dentro de la materia viviente, de los electrones que componen sus células elementales. Es más fácil cambiar el olor de una flor o de algún pedazo de vegetación que cambiar su color; pero en esto también, cualquier renuevo de la flor sometida a un procedimiento tenderá a la reversión a su olor original.

En la manufactura de perfumes generalmente se usa un extracto que se obtiene de flores vivientes y a esto se le llama aceite esencial. Este aceite se diluye después con agua de colonia o con espíritus refinados de alcohol para hacer los perfumes.

En una gira por Egipto y Europa tuve oportunidad de llevar a un grupo de turistas a visitar la fábrica de perfumes más grande de Francia, donde se elaboraban los mejores perfumes. Allí la persona que dirigía el negocio, mujer de gran experiencia y amiga personal, a petición mía demostró cómo se obtienen los aceites esenciales. Terminó su demostración dando a cada miembro del grupo allí reunido algunas muestras de varios perfumes. En esa fábrica se preparaban productos tan famosos como el muy conocido perfume “Noche de Noel.”

 

La persona a que me refiero nos reveló durante la demostración llevada a cabo que es lo que se hace cuando se extraen de las rosas u otras flores los aceites esenciales. En primer lugar, se precisan varias toneladas de la flor en capullo y sus pétalos, sin nada de la parte verde, para producir una onza de aceite esencial. Los pétalos frescos con su precioso olor se ponen en contacto con grasa; el tan llamado aceite de las hojas se exprime dentro de la grasa y esto, reducido a una pequeña cantidad de aceite, se refina más tarde.

Este aceite esencial es realmente el viviente fluido vital de la planta y es comparable a la sangre de nuestro cuerpo es decir, la sangre vitalizada y no la sangre desvitalizada. En verdad, es el fluido electrónico que los rayos Cósmicos y las fuerzas Cósmicas crean en la planta al añadir ciertas vibraciones a los elementos que la planta viviente extrae de la tierra. Cuando estos aceites esenciales se extraen, están tan concentrados en forma y olor que no se percibe la fragancia.

Solamente se produce un olor muy fuerte y en realidad no muy agradable. Es cuando se disuelve el aceite con moléculas de aire o moléculas de alcohol desodorizado cuando comenzamos a percibir la verdadera fragancia del olor natural de la flor.

 


El arte de hacer perfume es muy antiguo, pero aún encierra tantos secretos que en realidad puede decirse que son muy pocas las fábricas que hay en el mundo que usan flores para elaborar perfumes. La mayoría de los productos más renombrados que se nos ofrecen en el mercado se hacen de aceites sintéticos o de aceites que se obtienen químicamente mediante la mezcla de ciertos elementos que artificialmente producen una simulación del olor natural. 

Esa simulación es correcta cuando mucho en un cuarenta por ciento, y sólo nos da una tenue impresión de flor natural, aunque se diga que es una semejanza perfecta de simulación. Por tanto, es fácil comprender la razón de que se venda por gotas y sea tan costoso el aceite fragante de rosas y otras flores, y porque hay tan pocos perfumes en el mercado con garantía de ser fabricados con flores naturales.

 

Por el Dr. H. Spencer Lewis, F.R.C.
Revista El Rosacruz A.M.O.R.C.


Publicado por cutronio @ 17:42  | Ciencia
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