S?bado, 24 de noviembre de 2012


La imaginación humana siempre ansía algo más allá de lo común para explicar los por qué de la existencia. Las cosas que nos rodean, tal como son, nos dejan insatisfechos. Sabemos, por ejemplo, que hay algo más en un grano de arena de lo que vemos y tocamos. Sabemos que éste contiene algo de divino, que en el meollo de las cosas hay verdades elementales que de alguna manera vinculan esas cosas y a nosotros con lo Divino.


Así, tales cosas en nuestro mundo nos proporcionan un amplio espectro de especulaciones. Por ejemplo, la rastrera serpiente que se desliza sobre su vientre a través de la hierba o en los árboles, es un objeto de fascinación para nosotros, quizá más que la mayoría de los otros animales en este mundo.


¿Qué es lo que nos atrae tanto de la serpiente? ¿Acaso su sinuoso cuerpo semejante a una cuerda, sus brillantes colores y su mirada? o ¿es el saber que esta perturbadora criatura de algún modo puede, cuando no la vemos, adoptar temibles dimensiones y repentinamente asumir las monstruosas proporciones de un dragón, una inmensa serpiente que devasta los campos y abrasa todas las cosas vivientes y no vivientes con su incandescente aliento?


Sin embargo, la serpiente tiene otros aspectos. Puede, de formas mucho más sutiles, coercionarnos a actuar, posiblemente contra nuestra voluntad. Como vemos, la serpiente no siempre necesita obligarnos, puede seducirnos porque, dentro de lo que es el folcklore, es un animal de mucha inteligencia, como lo evidencia su penetrante mirada. El mejor ejemplo de la serpiente seduciendo al hombre es uno bien conocido por todos.


Quizá “la caída del hombre” es la historia más memorable que escuchamos de niños cuando nos contaban diversos cuentos bíblicos. Sin embargo, a pesar de la simplicidad de esta historia, durante siglos ha sido tema de debate en cuanto se refiere a la naturaleza básica de lo seres humanos. ¿Hemos sido expulsados del Jardín del Edén para siempre? ¿Hemos caído de la gracia divina? ¿Tenemos esperanzas de estar una vez más en íntima relación con el Ser Supremo?


Permítaseme volver a contar rápidamente la historia como aparece en la Biblia:


“El primer hombre y la primera mujer fueron creados por Dios
 y se les permitió vivir
dichosa e irreflexivamente en el Jardín del Edén”.


“Ambos estaban desnudos, el hombre y la mujer, y no sentían vergüenza”.


“Ahora bien, la serpiente era la más sutil de todas las bestias del campo
 que el Señor
había creado: y la serpiente dijo a la mujer,
 ¿acaso Dios ha dicho que no deberíais
comer de todos los árboles del jardín?”.


“Y la mujer dijo a la serpiente, podemos comer los frutos de los árboles del jardín,
 pero
del árbol que está en medio del jardín Dios ha dicho,
no comeréis de el, ni lo tocaréis o
moriréis,
pues Dios sabe que el día que comieres de él tus ojos se abrirán,
 serás como
los dioses, sabrás del bien y del mal”


“Y cuando la mujer vio que el árbol estuvo maduro y que era agradable a la vista
 y que
era un árbol deseable para hacerse sabio,
 tomó el fruto del mismo y comió de él
y
también le dio a su esposo y él comió”.


“Y se abrieron los ojos de ambos”


Y como consecuencia de este despertar los seres humanos se percataron de su separación de toda la creación divina. No pudieron seguir siendo uno con el resto de las cosas inconscientes. Al haber vislumbrado la consciencia divina, después de ser persuadidos por la serpiente, aparentemente representaron una amenaza para Dios y tuvieron que ser expulsados del Jardín del Edén.


¿Cuál fue el instrumento de este cambio de mentalidad? La serpiente, que como podrá notarse se describe como un ser “sutil“, también tiene una inteligencia que la pone aparte y así mismo hace que su ser sea condenado por Dios. 


“Tu estás excomulgada por sobre todo el rebaño y sobre toda criatura del campo,
 sobre tu vientre andarás y polvo
comerás por el resto de tus días”.


Ahora cabría preguntarse ¿porqué la serpiente fue escogida para esta dudosa tarea de conducir a la humanidad hacia un infeliz, pero necesario sendero?


La serpiente es una figura, un arquetipo, que aparece virtualmente en todas las culturas del mundo y ha sido venerada en muchos países. Incluso en Irlanda, donde no habitan las serpientes, se da mucha importancia al hecho que San Patricio las lanzara fuera de esa tierra.

 


Las serpientes fascinan a los seres humanos con sus bellos colores y sus simétricas escamas, su penetrante y fija mirada, su deslizamiento sinuoso y silencioso. Son muy distintas del resto de los animales. Aunque nosotros, los seres humanos, somos atraídos por las serpientes, al mismo tiempo experimentamos alguna forma de repulsión. Tal vez es por el veneno de algunas o quizá sea la sabiduría que se les atribuye, que puede no ser justificada, pero la mirada estática y desconcertante de sus ojos, como joyas, puede hacer que uno piense diferente.


Así, la serpiente es considerada como un digno rival y tentadora de la humanidad. Esto es especialmente cierto cuando la rastrera serpiente que se arrastra en el polvo adopta una forma más increíble, la del monstruoso dragón que inspira temor en el más valeroso de los hombres y presenta batalla a muchos héroes, como Lancelot, Beowful, Perseo, San Jorge, el arcángel Miguel.


El dragón es un digno rival, su sabiduría hace que su fortaleza y ferocidad sean extremadamente peligrosas haciéndolo el animal más difícil de vencer en combate. Las garras tienen tal filo que pueden destripar a un ser humano, su aliento quema como las llamas, su cuerpo está cubierto de escamas tan resistentes como la piedra más dura, que enroman la espada más afilada. Aún en su búsqueda de la verdad, el héroe debe persistir en la destrucción de este monstruo.

 


Las flexibles fuerzas de la Naturaleza

Es fácil entender porqué la serpiente llegó a representar las flexibles fuerzas de la naturaleza. En muchas culturas, de hecho, la serpiente fue asociada con la creación del mundo, donde las amorfas, ondeantes y sinuosas energías hicieron coalición con las aguas de los océanos. Tales energías primitivas se manifiestan, en una escala menor, en cada criatura viviente que llega a ser. Aunque este flujo de vida es necesario para la existencia, una persona no puede evolucionar a menos que domestique y depure tales impulsos internos, en efecto, necesita “matar” al dragón interno.


Esta energía ondeante que acaba de ser descrita puede apreciarse en dos importantes símbolos utilizados en los países occidentales para denotar curación, a propósito de lo dicho acerca de que las serpientes poseen tal conocimiento. El primero es la barra de Esculapio: una vara de madera con una serpiente enrollada a su alrededor. Esculapio fue venerado a lo largo de la antigua Grecia como el dios de la medicina. Aparece en varios mitos en la forma de una serpiente y por lo tanto se guardaba este animal en altares dedicados a este dios. Las vírgenes sacerdotisas que cuidaban a las serpientes daban augurios de salud y prosperidad, sugiriendo en sueños o visiones una cura a los que padecían.

 


El Caduceo

El otro símbolo antiguo, el caduceo, está estrechamente relacionado con Mercurio, de quien, al igual que de Esculapio, se decía que era el hijo de Apolo, dios del sol quien frecuentemente tomaba la forma de una serpiente divina. El caduceo se muestra como una barra con dos serpientes entrelazadas a su alrededor que fueron dominadas por Mercurio y solas se enrollaron alrededor de la vara que Apolo le había conferido. Este poder para dominar tales fuerzas en conflicto es aumentado por las alas que coronan la vara, pues representan la radiación de aquél que ha alcanzado el equilibrio y la totalidad al unir las dos fuerzas opuestas.


Estos dos diagramas usados en el mundo occidental reflejan conceptos místicos orientales derivados de una figura muy conocida entre los yoguis de la India. Esta es Brahmadanda, “la vara de Brahma”, que indica los tres canales del kundalini o serpiente de fuego” que viaja hacia arriba de la columna vertebral. El Sushuma columnar se muestra entre las dos serpientes que se enredan en espiral, en forma opuesta de las corrientes de energía negativa y positiva que recorren un sistema de centros de fuerza o chakras.


Para regresar a nuestra historia original acerca de la Caída del Hombre, podrá notarse que tenemos una vez más a la columna, ahora en la forma del Árbol de la Vida, alrededor del cual se enrolla la serpiente. El árbol simboliza el crecimiento ascendente, la serpiente, un cambio en la consciencia que conduce a la sabiduría. Tenemos aquí la transformación de la serpiente.


Incluso los patriarcas de la Biblia vieron esto bajo diferentes perspectivas. Esta energía primitiva del alma, estas energías síquicas primarias y potencialidades internas, les atemorizaron tanto que situaron a la serpiente en el Jardín del Edén sobre el árbol como la Tentadora. Como místicos sabemos, sin embargo, que no puede negarse la esencia de la serpiente. Esta es la clave para la sabiduría de la serpiente, este cambio en la consciencia, pues con el movimiento ascendente, subimos en espiral de manera muy similar a la energía del kundalini.

 


Movimiento esférico, formando espirales

Pero, ¿este movimiento necesariamente forma un círculo? No, pues aunque en el pensamiento místico el círculo representa la perfección, podemos decir con mayor precisión que tal movimiento no es necesariamente sobre un solo plano, más bien se mueve esféricamente y por lo tanto la evolución ocurre en espirales.


Por ejemplo, considérese lo siguiente: cada año entramos a un ciclo nuevo, cada primavera se inicia el crecimiento y conforme avanza el año, ocurren cambios para indicar modificaciones en las formas de vida. En una escala menor, cada día hay pequeños cambios y en una escala mayor, sabemos, como rosacruces, que cada ciclo de siete años nos lleva a una nueva etapa de nuestra existencia. Considérese cómo estamos evolucionando continuamente aunque dicho cambio no siempre sea evidente para nosotros. Sin embargo así es, pues tal como Heráclito enseñó hace muchos siglos, todo es cambio. Nunca nada puede permanecer igual.

 


A lo largo de estas líneas, Raymund Andrea, anterior Gran Maestro del Reino Unido escribió: “El desarrollo esotérico nunca es un progreso sin acontecimientos notables a lo largo de una línea recta. Siempre avanza en espirales. Volvemos una y otra vez aparentemente a donde estamos, pero hay una pequeña chispa en cada espiral a través de experiencias perfectamente mundanas, que forza la verdad de la vida sobre nosotros. Es elección del estudiante lograr todo lo que es capaz en cada espiral del camino”.


La espiral también puede proporcionar experiencias mucho más extraordinarias. Con certeza llegará el día en que estemos en un lugar donde no hemos estado en muchos años. Tal vez escuchemos un sonido, aspiremos una esencia o veamos algo que por mucho tiempo estuvo olvidado. Un extraordinario significado está aunado a esta experiencia, que no puede explicarse, pues está más allá de cualquier explicación. La emoción surge hacia arriba desde lo más profundo de nuestro ser y baña nuestro ser. Repentinamente nos damos cuenta, “Sí, he estado aquí antes, me había topado con esta persona antes. Sin embargo, soy diferente, igual que todas estas otras cosas”.


Mezclados con esta emoción nostálgica nos percatamos de la belleza y el dolor del cambio. Sin embargo, sabemos que así debe ser, pues toda la creación tiende a la transformación. En esto reside la sabiduría, ya que el hombre, al estar separado de Dios, puede observar y maravillarse ante el cambio y la creación divina. En esta forma, compartiendo la sabiduría de Dios, nuestras realizaciones mejoran toda la Creación y hacen que todo se acerque un poco más a la perfección. Así pues, tenemos que agradecer a la rastrera serpiente por apartarnos de la cabeza de Dios para que pudiésemos crecer y compartir la sabiduría Divina.

 


En conclusión, permítaseme invocar una última imagen de la serpiente, una de entre tantas. Ésta es el Ouroborus de los antiguos Gnósticos y alquimistas. En la forma de un gran círculo, se muestra a esta serpiente mordiendo su propia cola. Su cuerpo aparece de dos colores, reflejando la luz y la obscuridad, simbolizando para el místico que el mundo material es bueno y malo, perfección e imperfección, pero todo unido como uno. Este pensamiento es enfatizado por las palabras que el cuerpo de la serpiente encierra: “Uno es todo”.


Entre los Gnósticos, el Ouroboros era la serpiente del paraíso que sembró en la humanidad el anhelo por el conocimiento. Así, se creía que era buena en tanto que guió directamente a los seres humanos hacia el conocimiento a pesar de los obstáculos. Para nosotros, hoy en día, esta maravillosa serpiente sigue siendo un símbolo válido de la vida que cada uno de nosotros necesita seguir. Al aprender sobre las verdades de la existencia en todos los niveles, desde el aparentemente más trivial hasta el más universal, debemos liberarnos de los grilletes para permitir a nuestra consciencia ascender en espiral hacia los reinos superiores más cósmicos.

 

Por Richard Majka, F.R.C.
Revista El Rosacruz A.M.O.R.C.
Abril de 1996


Publicado por cutronio @ 10:22  | Simbolismo
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