S?bado, 03 de noviembre de 2012


En nuestros estudios Rosacruces aprendemos que la enfermedad es el resultado de un estado de desarmonía. Aprendemos también que cada célula de nuestro cuerpo posee consciencia. Por consiguiente, cuando ocurre una enfermedad es posible que haya una desorganización en el nivel celular. ¿Cómo puede expresarse esta desarmonía celular en el cuerpo físico?


Las proteínas de defensa conocidas como anticuerpos son producidas por el organismo para defenderse de agentes extraños tales como los virus, los cuales son capaces de causar daño y desintegración en las células y en sus numerosos componentes, incluyendo en su estructura.


Los científicos han intentado presuponer teorías para explicar porqué se producen esos anticuerpos cuando se presentan ciertas infecciones de virus. Una combinación de teorías se centra alrededor de que los anticuerpos se producen como reacción a las infecciones de los virus o a sus efectos sobre la estructura de la célula. En una de esas teorías se ha sugerido que cuando un virus entra en una célula, puede unirse con un componente particular de ésta con el cual forma una especie de asociación.

 


Las unidades de asociación formadas por los componentes de la célula y el virus son conocidas como unidades inmunógenas; son designadas así porque cada unidad es capaz de producir una reacción de las células naturales de defensa del cuerpo, conocida médicamente como reacción inmunológica.


La unión entre un virus y el componente de una célula permitiría a éste combinarse con aquel, ya sea en forma completamente asimilada o en un modelo contiguo, aunque separadamente identificable. Si esto fuera así sería fácil demostrarlo mediante la coloración especial de la partícula viral, diferente al componente de la célula. Por nuestro estudio de la estructura celular, llamada "citoesqueleto", se ha demostrado que lo que se colorea no son las partículas virales, sino la estructura citoesquelética transformada y convertida en inmunógena, muy fácil de colorear debido al proceso de ingreso del virus en la célula.


Otras teorías están basadas en posibilidades tales como la regulación defectuosa de los mecanismos de defensa del cuerpo, los cuales no siempre se manifiestan en la mayoría de pacientes con estos anticuerpos.

 


Información genética alterada

La sugerencia más probable es que la entrada de un virus en una célula podría producir un registro alterado de la información genética en un componente celular aparentemente normal, por ejemplo, en el citoesqueleto. En tal situación, el virus no necesariamente se establece en determinado componente celular para alterar el sistema de codificación genética. Quizás, la presencia de un virus en la célula es de por sí suficiente para que en cualquier individuo "susceptible" se empiece el proceso de la reacción de inmunización. Sin embargo, el mecanismo exacto de esta alteración en el registro genético es aún pura especulación porque no parece envolver una estructura en particular, ni aún en su nivel microscópico.


Si apoyamos el concepto genético, entonces es posible que inmediatamente después del primer ataque de un virus, lo cual podría o no producir síntomas de enfermedad, subsiguientes ataques de las mismas características podrían evocar la memoria de las células del cuerpo para empezar a producir anticuerpos para la defensa del mismo. A medida que cada especie de virus entra en el cuerpo, la codificación genética se altera continuamente en los componentes de la célula, los cuales se vuelven susceptibles y cada alteración produce un tipo diferente de reacción anticuerpo, en el que están envueltas ciertas células conocidas como células o linfocitos T y B.

 


Existen dos variedades de células T: los linfocitos estimulantes-T y los linfocitos supresores-T, los cuales, como su nombre lo indica, aumentan o bloquean la producción de anticuerpos. Cuando un linfocito estimulante-T se estimula como resultado de la alteración genética, éste coopera con las células B y como resultado aumenta la producción de anticuerpos como reacción contra la infección vital. Si el linfocito supresor-T es estimulado como resultado de cambios genéticos, la producción de anticuerpos queda suprimida.


En la fase activa de una infección de virus se estimulan ambos tipos de células T. El cuadro dominante depende de la sensibilización de los linfocitos T. Si las células estimulantes-T están más sensibilizadas, el efecto será intenso; si las células supresoras-T están más sensibilizadas, se suprimirá la producción de anticuerpos. Usualmente, en una persona saludable la célula supresora-T está más sensibilizada en la mayoría de las infecciones de virus.


Si por alguna razón la constitución genética de un individuo, después de haber sido inicialmente alterada, permite una revisión de una estimulación previa de la célula T, entonces la memoria de las células empieza a funcionar, y es la memoria del ataque previo la que decidirá la mejor manera de proteger al cuerpo. En tal situación, la célula estimulante-T será estimulada para recordar la supresión inicial de los anticuerpos resultantes de la siguiente sensibilización de la célula supresora-T. Cuando esto sucede, el linfocito estimulante-T actúa en cooperación con los linfocitos B. Entonces se produce el anticuerpo y, dependiendo del grado de cooperación de las células T y B, resulta suave o altamente excitado. Dicha cooperación, sin embargo, refleja el estado en el cual el cuerpo requiere protección de los cambios en la codificación genética causados por un virus.

 


En búsqueda de un indicio

El concepto de la alteración en la codificación genética parece explicar hechos que ocurrieron no sólo en condiciones de enfermedad, con sus diversos cuadros clínicos y de laboratorio, sino también en individuos de salud normal. Es así que a través de conceptos como estos deben hacerse esfuerzos para poner en claro cuáles son las alteraciones en las infecciones virales del hombre. Aislar el citoesqueleto de las células enfermas de un individuo puede dar un indicio de lo que se ha alterado en la constitución genética.


Sin embargo, tal estudio sólo puede basarse en el conocimiento de cuál era la constitución genética anterior del individuo cuando éste se encontraba sano, antes de la enfermedad. Generalmente esto no se conoce ya que rara vez se llevan a cabo estas investigaciones, con excepción de los pocos casos de enfermedades hereditarias, de donadores de órganos, o cuando está en disputa la verdadera paternidad.


Hasta ahora han resultado infructuosos los intentos que se han hecho para comparar los resultados de estudios genéticos en una célula de un órgano enfermo con el de otro órgano aparentemente normal del mismo individuo, puesto que todos los cambios en la codificación genética están expuestos a ser generalizados, y una vez que se establecen tales cambios permanecen así hasta que son modificados por otras circunstancias. Parece ser que los investigadores podrían encontrar indicios en el caso de gemelos idénticos, a pesar de que en esto, también, es esencial excluir las alteraciones de la codificación genética después de una infección viral asintomática.

 


La única manera posible de poder establecer una situación comparativa en los estudios genéticos, es si se pudiera esperar la ocurrencia frecuente de ciertas circunstancias para retornar a la codificación genética del estado original anterior a la deformación que se sufrió a causa de una enfermedad. Para los médicos clínicos esto es posible sólo teóricamente, porque ni ellos ni los pacientes pueden determinar tal tiempo o estado.


Por otra parte, para los Rosacruces tal rehabilitación es la base de la curación. Esto implica el retorno a la armonía y a la integridad, a un restablecimiento de la esencia vibratoria más elevada que originalmente impregnaba estos citoesqueletos y otros componentes celulares antes de que se estableciera la desarmonía y más tarde se acentuara por el virus. Esto implica deshacerse de la rebelión consigo mismo a fin de que los agentes externos no tengan base para establecerse dentro de nosotros. Ello significa el refinamiento continuo del sistema, manteniéndolo libre de la corrosión y del desgaste natural por el uso diario. Esto significa encender nuestra Luz interna manteniendo su máxima luminosidad en todo tiempo, porque en eso yace nuestra salud, nuestra fuerza, nuestra felicidad y todo lo demás.

 

Por Okon A. Osung, F.R.C.
Revista El Rosacruz A.M.O.R.C.
Septiembre de 1984 


Publicado por cutronio @ 20:19  | Salud
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