Jueves, 29 de marzo de 2012


¡No es justo! ¿Cuántas veces repetimos esas tres palabras cada día?; ¡no es justo!, repetimos una y otra vez, en distintas circunstancias de nuestra vida, ya sea por la pérdida de algo, porque recibimos una multa al pasarnos un alto, o simplemente por que algo que queríamos no salió como hablamos planeado.


Pero, ¿cuántas veces nos detenemos a analizar el verdadero significado de estas tres palabras? Esta frase puede significar que no estamos de acuerdo con lo que nos esta sucediendo, y que creemos que se comete una injusticia con nosotros, aunque tal vez hayamos propiciado los hechos, a través de nuestros propios actos.


Pero, después de todo, ¿quiénes somos nosotros para decidir si en verdad es injusto lo que nos ocurre? A veces olvidamos que estamos aquí para cumplir con nuestro Karma, y que todas las circunstancias de nuestra vida no son sino el resultado de nuestros propios actos, ya sean recientes o pasados. Sin embargo, a menudo olvidamos esto, y frecuentemente calificamos de "injusticia" cualquier hecho que no nos satisfaga, o nos disguste, por insignificante que éste pueda ser. Y es en estas ocasiones cuando nos convendría mirar algunas de las aparentes verdaderas injusticias de esta vida.


Pensando en esto, he decidido compartir con ustedes una experiencia reciente, y relatarles brevemente la historia de un joven, al cual llamaré simplemente por sus iniciales: "J.T." Cuando lo conocí, J.T. era un joven apuesto, lleno de vida, ímpetu, y una eterna sonrisa que irradiaba alegría y amistad. Parecía estar siempre de buen humor, y practicaba un optimismo con el cual encontraba algo bueno hasta en las situaciones más adversas. Luchador incansable, en pocos años había conseguido colocarse en una posición bastante sólida, y siempre lograba todo lo que se proponía: Incluso cuando intentó ser actor, se las ingenió para obtener un papel secundario en una película tan importante como "¡ROCKY II!" Llevaba una vida saludable, tanto física como mentalmente; jamás tocó un cigarrillo, ni envenenó su cuerpo con exceso de licores.


Al ver su apariencia siempre amable, sonriente y bromista, uno jamás se hubiera imaginado lo que le ocurría: J.T. padecía de cáncer en los pulmones. Desde el principio, J.T. se puso en manos de sus médicos, sin poner nunca en tela de juicio sus diagnósticos y tratamientos, y con la idea fija de que si tales tratamientos fallaban con él, tal vez eso serviría para ayudar a otros en el futuro. Jamás se quejó de nada, y cuando alguno de sus parientes o amigos mostraba señales de flaqueza, él les infundía fuerza e incluso bromeaba sobre su condición, asegurando que se sentía mejor que nunca.


Después de varias semanas de larga agonía, J.T. pasó por su transición, el 8 de Enero. Su última, y tal vez su única preocupación, fue que su madre no sufriera. Durante siete años de enfermedad y angustia callada, jamás sus labios pronunciaron esas tres palabras: "No es justo".


Cuando despierto a media noche, bañada en llanto por su pérdida, repitiéndome una y otra vez que no es justo, recuerdo las palabras que J.T. me dijo en una ocasión, cuando yo aún no sabía de su padecimiento: "Nada en esta vida es gratis, y todos nos ganamos lo que nos llega... siempre hay un motivo para todo..." Tal vez antes de afirmar que la vida es injusta con nosotros, deberíamos analizar que tan justos somos nosotros con la vida.

 

Por Edith O'Campo Herons, S.R.C.
Revista El Rosacruz A.M.O.R.C. 
Julio de 1982


Publicado por cutronio @ 23:18  | Varios
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