Viernes, 23 de marzo de 2012


Hubo un tiempo en Egipto el hijo de un faraón, cuyo corazón se inclinaba a la sabiduría.
Nada en la vida deseaba tanto como comprender el significado de la vida y poseer sus secretos.



Un sacerdote un día, al observar su devoción, le ofreció los conocimientos del propio Libro de Magia de Thoth.

 

"Este libro es tal… dijo el sacerdote, "que la primera página te permitirá encantar a los cielos y la tierra, la luna, las montañas y las aguas; comprender el lenguaje de los pájaros y de los reptiles y traer los peces desde las profundidades hasta tus propias manos.¨


¨La segunda página te permitirá vivir aunque estés muerto. Verás el sol y la luna y todos los dioses siguiendo sus inevitables ciclos. En realidad, serás uno de ellos”.


"Si me señalas este libro", replicó el hijo del Faraón, "o si me dices donde puedo obtenerlo, te daré muchísimo oro."


"No necesito oro alguno", respondió el sacerdote, "prométeme sólo un buen funeral y te daré todas las instrucciones necesarias.¨


Así, con esa promesa al sacerdote, el hijo del Faraón obtuvo información acerca del sitio donde hallaría el Libro de Magia de Thoth:

 

"En el centro del rió Koptos, en medio de cosas que se arrastran y escorpiones, con la Serpiente Que Nadie Puede Matar arrollada en ella, hay una caja de hierro; dentro de ella hay una caja de bronce; dentro de ella hay una caja de madera; dentro de ella una de ébano y marfil; dentro de ésta una de plata, en la de plata una de oro y en la de oro el libro de Thoth."


El hijo del Faraón, su esposa y su hijo aprestaron la barca real y buscaron el sitio en el río. Gracias a la magia que ya él sabia, el río se abrió en el sitio preciso, y contempló los escorpiones y las cosas que se arrastran, y en el medio la Serpiente Que Nadie Puede Matar.




En sus anillos estaba la caja de hierro de que había hablado el sacerdote.


Después de lanzar un encantamiento sobre todos aquellos animales que se arrastraban y los escorpiones, para que no pudieran moverse de su sitio, el hijo del Faraón avanzó con la espada en la mano hacia la Serpiente Que Nadie Puede Matar. De un golpe le separó la cabeza del cuerpo, cuando se erguía para combatir y proteger su tesoro. Sin embargo, tan pronto como cayó la cabeza, ésta se volvió a unir a su propio cuerpo. Por una segunda vez, fue cortada la cabeza, y por una segunda vez se volvió a unir en un abrir y cerrar de ojos.


Avanzando por tercera vez, el hijo del Faraón tomó un puñado de arena. Tan pronto como la cabeza estuvo separada arrojó la arena sobre el cuello cercenado y entonces cabeza y cuerpo no pudieron ya unirse, y el monstruo no pudo hacer daño alguno.


El hijo del Faraón abrió la caja de hierro y vio dentro de ella una de bronce. Abrió ésta y descubrió la caja de madera; abrió la de madera y encontró la de ébano y marfil; abrió ésta y halló la de plata; abrió ésta y vio la de oro, y al abrir la caja de oro sacó de ella el Libro de Thoth.


Leyó la primera página y encantó los cielos y la tierra, la luna, las montañas y las aguas. Comprendió el lenguaje de los pájaros y de los reptiles y sacó los peces desde las profundidades hasta sus manos.


Leyó la segunda página y como si estuviera muerto, vivió de nuevo. Vio el sol y la luna y todos los dioses siguiendo sus inevitables ciclos, y fue, en verdad, uno de ellos.


Pensó que su esposa e hijo lo estarían esperando, y comprendió que debía regresar. Tomando el Libro de Thoth, regresó. Pidió papiro y cerveza; escribió en el papiro los secretos del Libro de Thoth, y luego lo lavó con la cerveza, que también tomó, haciendo así propios de él los secretos de Thoth.


Viaje de regreso

Con gran alegría, emprendió junto con su esposa y su hijo el viaje de regreso al hogar. Pero Thoth había descubierto el robo de sus secretos y obtuvo permiso de Ra para castigar al ladrón.


Cuando la barca real avanzaba por entre las aguas en su viaje de regreso, el hijo se sintió irresistiblemente atraído por las aguas y se ahogó. Con el empleo de la magia, el padre hizo que el cuerpo del muchacho se elevara hasta la superficie de las aguas; cuando lo trajo de nuevo a la barca, mediante otras operaciones mágicas, hizo que sus labios hablaran. "Ra conoce el robo del Libro de Thoth y ha dado permiso a Thoth para que castigue como quiera", fueron las palabras pronunciadas por los labios del ahogado. La barca regresó a Koptos para enterrarlo como cuadraba a un príncipe real.


Una vez más la barca, llena ahora de tristeza, en su viaje de regreso llegó al punto donde se había ahogado el hijo, cuando la madre se sintió fatalmente atraída hacia ese sitio y fue arrastrada por las aguas. Con el empleo de la magia, el esposo hizo que el cadáver se elevara a la superficie de las aguas. Cuando lo trajeron a la barca, con otras operaciones mágicas, logró él que los labios hablaran. “Ra conoce el robo del Libro de Thoth y ha dado permiso a Thoth para que castigue como quiera”, fueron las palabras que pasaron por los labios de la esposa ahogada.


Por segunda vez, la barca regresó a Koptos, para que la hija de un Faraón pudiera tener allí el entierro que le cuadraba.


Con toda su magia

Por tercera vez hizo la barca rumbo al hogar, llevando únicamente al hijo del Faraón, y llegó al sitio donde la venganza de Thoth se había dejado sentir ya dos veces. Con toda su magia, el hijo del Faraón no pudo impedir la atracción de las aguas. Tomó el Libro de Magia de Thoth y se lo ató, cuando las aguas lo atrajeron, y así se ahogó.


Cuando el Faraón supo la tragedia, hizo registrar las aguas y halló el cuerpo de su hijo, con el Libro de Magia de Thoth fuertemente atado a su pecho. Así mismo fue enterrado, y con el queda enterrado el Libro de Magia.


Esta narración sigue el esquema general de todos esos puntos y leyendas cuya intención captamos individualmente de acuerdo con nuestra percepción espiritual. En general, puede decirse que todo conocimiento como lo es el de la Naturaleza, no es otra cosa que Magia.


Sólo podemos alcanzarlo cuando nos damos cuenta de nuestra propia realeza como expresión de lo divino. Por medio de las enseñanzas de alguna organización u Orden dedicada a la Verdad, podemos recibir orientación e informaciones preliminares; sin embargo, lo que llegáramos a alcanzar se debe a nuestros propios esfuerzos.


Debemos, por lo tanto, tener celo, valentía y persistencia. Cuando se ha encontrado lo que se busca, es necesario ingerirlo, hacerlo parte del yo interno. (Compárense las experiencias de San Juan en el Apocalipsis cuando el ángel le dice que tome el libro y se lo coma). La recompensa y el castigo de alcanzar eso son siempre una sola cosa: que ya el poseedor no puede considerarse como un mortal ordinario, y en lo sucesivo tiene que morar en el reino de los dioses.

 

Revista El Rosacruz  A.M.O.R.C. 


Publicado por cutronio @ 22:34  | Misticismo
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