Mi?rcoles, 14 de marzo de 2012

Es muy poco lo que sabemos de Fludd desde su nacimiento en 1574, hasta el año 1592, fecha en que ingresa en el St. John´s College de Oxford, baluarte de lealtad a la Iglesia Anglicana en una universidad generalmente de tendencia calvinista.


Continuó en Oxford hasta después de obtener el título de Master of Arts en 1598 y luego abandonó Inglaterra y viajó por el continente durante casi seis años. Visitó Francia, España, Italia y Alemania. Tenemos la certeza de que estuvo en Liorna y en Roma, donde conoció a un tal Gruterus, suizo que se hallaba al servicio del Cardenal Sextus Giorgio, que le enseñó Ingeniería, el uso del “ungüento de defensa” y otras medicinas “magnéticas”. Esto debió de suceder antes de su temporada en Aviñón, donde compiló sus conocimientos de ingeniería en un tratado dedicado a Reinaud. Hizo probablemente otra visita a Italia, pues en 1602 conoció a William Harvey en Padua.

 

 

Parece razonable suponer que la vocación médica de Fludd debió gestarse durante estos años de viajes y que sus inclinaciones por lo oculto, ya evidentes en su afición a la astrología, le condujeron a los círculos médicos paracelsistas del Continente.


A su regreso a Inglaterra, Fludd entró en la Christ Church y en mayo de 1605 terminaba sus estudios y se doctoraba en Medicina. Pero su lealtad a los principios de Paracelso pronto le causaría dificultades con la medicina establecida.

 

 

Los años que siguieron al regreso de Fludd a Inglaterra, los pasó también compilando los diversos tratados y anotaciones académicos que se convertirían en su principal obra: la Historia del Macrocosmos y el Microcosmos, dividida en dos partes: las obras de Dios y las del hombre. Las obras de Dios son la creación y el sustento del universo y de todos sus habitantes; las del hombre son el arte y las ciencias que, para Fludd, incluían cosas tan dispares como la música, la arquitectura, la astrología y la perspectiva.


Los únicos campos importantes del saber renacentista que Fludd nunca tocó, fueron el de las controversias teológicas y el de la filología clásica. Como espíritu abierto, se enorgullecía de que sus obras eran igualmente aceptables para un Calvinista, un Anglicano o un Católico y no quiso perder el tiempo en temas que les dividían.

 

 

Un tremendo entusiasmo y un ansia voraz de conocimientos precisos marcan todas las obras enciclopédicas de Fludd, y resulta evidente que escribía con gran celeridad. Hizo el tratado de aritmética para Charles, duque de Guisa, y los de geometría, perspectiva y ciencia militar para su hermano François. Los de música y el del arte de la memoria fueron escritos para el marqués de Orizon. El libro sobre Cosmografía Fludd lo dedicó a su padre, para que le sirviera de ayuda en sus observaciones cuando viajaba, y el de geomancia, al Vice-Delegado Papal. Finalmente, los tratados astrológicos y de ingeniería fueron realizados para Reinaud de Aviñón. Muchas obras más y grabados estupendos forman su importante obra, de la que no es posible extendernos más aquí.

 

 

Sólo concluiremos con que Robert Fludd es un eslabón más en la tradición del esoterismo Rosacruz que incluye figuras tan importantes como Orígenes, Hildegard, Eckhart, Ficino, Boheme y Emerson, por citar algunos otros escritores que bebieron de la misma fuente. Fue virtud de Fludd el haber presentado sus enseñanzas vitales sin desfigurarlas con su propia sicología, por ello su obra se ha estimado siempre como un inspirado vehículo de la Verdad Universal.

 

Por José Luis Aguilar Moreno, F.R.C. 

 

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Publicado por cutronio @ 17:04  | Personajes
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