S?bado, 03 de marzo de 2012


El hombre se ha ido liberando poco a poco de las labores manuales, pero ahora está abrumado por la tecnología. La higiene y los adelantos en el campo de la medicina nos han liberado de epidemias que nos aniquilaban hace algunos años, pero ahora estamos sucumbiendo a la desesperación y a las enfermedades nerviosas cuyos efectos son peores que los males físicos.


La competencia entablada al tratar de superar los bienes materiales de otros, produce en nuestro cuerpo la desarmonía causante de las tensiones que luego se convierten en desequilibrios mentales, hormonales y circulatorios. Todos estos males son producto inmediato de algunas de nuestras costumbres sociales.


Todos estaremos de acuerdo en que la loca carrera de la sociedad moderna nos está conduciendo a un desfiladero; el precio que pagamos por disfrutar de las comodidades que ofrece nuestra civilización moderna, es demasiado alto.


Abusamos tanto de nuestras energías, que el daño se manifiesta en forma de enfermedades mentales. Las estadísticas sobre enfermos mentales son alarmantes: una persona de cada veintidós sufrirá alguna vez en su vida de algún desequilibrio mental. Ante tanta presión y tantos deseos desmesurados por lograr bienes materiales, pasamos por alto el hecho de que la naturaleza humana es vigorosa, que poseemos en nuestro interior una fuente inagotable de energía a la que debemos recurrir para poder resistir las presiones que agotan nuestra resistencia mental.


Felizmente, la resistencia es uno de los principales dones del Alma. Es la cualidad de la energía mental y emocional del hombre, el cual parece poseer gran elasticidad psíquica. Es la cualidad que nos permite encontrarnos a nosotros mismos para salvarnos de las presiones mentales y físicas que nos agobian.


¿Valdrá la pena continuar esta carrera loca? ¿Valdrá la pena angustiamos ahora, acumulando riquezas materiales para un mañana incierto? Esto no quiere decir que no debemos planear para el futuro, pues esto es una responsabilidad del adepto en los estudios de misticismo. Sin embargo, también tenemos la responsabilidad de ser felices ahora. Podremos lograr este objetivo haciendo una pausa, poniendo un ALTO a esta loca carrera de ambiciones materialistas.

 


Riqueza interior

Es necesario que reflexionemos en nuestra enorme riqueza interior, en ese poder creativo del que hemos sido dotados, el cual es capaz de romper nuestras cadenas y colocarnos sobre la senda que nos conducirá hacia el "dorado amanecer" al que aspiramos, a la meta de felicidad que nos hemos impuesto. Demos gracias diariamente a Dios (según el concepto que tengamos de El) a esa Energía Infinita que da existencia a todo.


Amemos todo el potencial que Dios nos ha concedido y luego, con reverencia, permitamos que la pureza del amor espiritual salga de nosotros como un haz de luz para iluminar todo lo que Dios ha creado. Que esta emanación de nuestro ser fluya sin discriminación hacia toda la humanidad, pues aquel que logra sentir en su interior la energía del amor no puede abrigar en su pecho rencores, envidias, celos ni pensamientos negativos. En una mente que abriga pensamientos de amor no hay cabida para ningún desequilibrio, pues en ella se manifiesta la energía creadora.


Todos los días podemos sentir en nosotros ese fluir de energía y amor. Por un periodo de dos o tres minutos podemos establecer contacto con la fuente de esa energía cerrando los ojos o, mejor aún, abriéndolos al principio para contemplar la grandeza y la belleza de todo lo que existe y luego, con humildad, cerrándolos para visualizar que, dentro de nosotros, existe una réplica en miniatura de toda la belleza exterior.


Jamás lograremos la Paz del mundo si sólo abrigamos el deseo de lograr poder y posesiones materiales. Únicamente la alcanzaremos cuando mentes sanas reconozcan el potencial de amor que hay en ellas y, al manifestar ese amor, reconozcan que no es un patrimonio suyo exclusivamente, sino que ese potencial existe en toda persona esperando ser descubierto para que se le difunda indiscriminadamente hacia todos los confines de la Tierra.

 

Por Rubén A. Dalby, F.R.C.
Revista El Rosacruz A.M.O.R.C. 


Publicado por cutronio @ 11:14  | Salud
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