Mi?rcoles, 08 de febrero de 2012


El documento que a continuación se presenta, descubierto recientemente en la Biblioteca de Investigaciones Rosacruces, es una traducción de una publicación mensual editada hace muchos años por la Gran Logia de la Orden Rosacruz, AMORC, en Alemania. El título de la publicación era Lux Rosae Crucis, que traducido literalmente significa «Luz de la Rosacruz». Creemos que es muy apropiado este material para reproducirlo como un mensaje del Sánctum Celestial. Constituye un código de ética oportuno y práctico que sirve para toda la humanidad. Hay dieciséis signos por los cuales un miembro de la Orden puede ser reconocido. El que posee tan sólo algunos, no es un miembro de elevado rango, ya que, el verdadero Rosacruz, los posee todos.

 

 

 

1. EL ROSACRUZ ES PACIENTE.

Su principal y más importante victoria, es la conquista de su propio YO. Es la victoria sobre el LEON, que ha injuriado amargamente a algunos de los mejores partidarios de la Rosacruz.

El no será sojuzgado por el feroz y desconsiderado ataque que se le hizo, sino que está hecho para vencer por la paciencia y grandeza de alma.

El verdadero Rosacruz trata de vencer a sus enemigos con la bondad y a los que lo odian, con presentes. El no los maldice, sino por el contrario, les envía ferviente fuego de amor sobre sus cabezas.

No persigue a sus enemigos con la espada, o con haces de leña, sino que sufre la cizaña que crece como el trigo, hasta que ellas maduren y sean separadas por la Naturaleza.


2. EL ROSACRUZ ES BONDADOSO.


El nunca aparece triste o melancólico, ceñudo o con una mirada de desprecio en su rostro, él actúa bondadosa y amablemente hacia todos y está siempre listo a prestar ayuda a su prójimo.

Aunque es diferente de la mayoría que lo rodea, trata de amoldarse a ellos en sus hábitos y costumbres, tanto como su dignidad lo permita. Resulta por esto una agradable compañía, y sabe cómo conversar, tanto con el rico como con el pobre, y actuar en cualquier clase de sociedades, imponiendo su respeto, por cuanto él ha dominado la vulgaridad.


3. EL ROSACRUZ NO CONOCE LA ENVIDIA.


Antes de ser aceptado en la Orden, él debe pasar por la ordalía de cortar la cabeza a la serpiente de la envidia, labor muy ardua, por cuanto ese reptil es escurridizo y fácilmente se esconde en alguna esquina. El verdadero Rosacruz está siempre contento con su suerte, sabiendo que tiene tanto como merece tener.

El nunca se lamenta acerca de las ventajas o riquezas que poseen los otros, mas siempre desea lo mejor para todos. El sabe que obtendrá cuanto desee, sin cuidarse si otro posee más que él.

No espera recibir favores sino que distribuye los suyos sin parcialidad alguna.


4. EL ROSACRUZ NO ES ORGULLOSO.


El sabe que el hombre no es otra cosa que instrumento en las manos de Dios, y que nada útil puede realizar por su propia voluntad. Esta, no siendo más que la voluntad de Dios, pervertida por el hombre.

A Dios dedica él todas sus alabanzas y a todo aquello que es mortal su reprobación. El no muestra una desordenada precipitación para realizar alguna cosa, sino que espera hasta que recibe las órdenes de su Maestro, que reside por encima y dentro de él.


5. EL ROSACRUZ NO ES VANIDOSO.


El prueba con esto que hay algo real en él, y que no es un talego inflado con aire. Los aplausos y los reproches le dejan indiferente, y no se siente agraviado si se le contradice o encuentra desprecio.

Vive dentro de sí mismo y goza las bellezas de su mundo interno, pero nunca desea hacer ostentación de sus posesiones, ni se muestra orgulloso por aquellos presentes espirituales que ha alcanzado.

De los más grandes presentes, él posee su modestia y su voluntad de ser obediente a la Ley.


6. EL ROSACRUZ NO ES DESORDENADO.


El se esfuerza siempre por cumplir con su deber y actúa de acuerdo al orden establecido por la Ley. No se preocupa por frivolidades externas ni ceremonias. La Ley está escrita dentro de su corazón, y de allí que todos sus pensamientos y actos son gobernados por Ella. Su respetabilidad no reside en su aspecto exterior, sino en su real ser, el cual puede comparado a una raíz, desde donde todas las acciones surgen. La belleza interior de su alma está reflejada en su aspecto externo, y estampa en él todos sus actos con indeleble sello, la luz existente en su corazón puede ser percibida en sus ojos por el experto. Es ella el espejo de la Imagen Divina, subyacente en su interno YO.


7. EL ROSACRUZ NO ES AMBICIOSO.


Nada hay más injurioso al progreso espiritual, y a la expansión del alma, que una estrecha mente y un carácter egoísta. El verdadero Rosacruz siempre cuida, mucho más el bienestar de sus semejantes que el propio. El no tiene intereses privados o personales que nutrir o defender, siempre busca el bien y jamás evita una oportunidad que pueda presentársele para ese propósito.


8. EL ROSACRUZ NO SE IRRITA.


Es evidente que una persona que trabaja para el beneficio de todos, sea odiada por aquellos cuyos intereses personales no resulten beneficiados, ya que el egoísmo es el opuesto de lo magnánimo, y los derechos de unos pocos no siempre son compatibles con los intereses de la comunidad. Los Rosacruces, en razón de esto, serán siempre resistidos por las personas de mentes estrechas o corta visión. El será difamado por calumniadores, sus razones serán tergiversadas, será mal juzgado por el ignorante, ridiculizado por el seudo sabio, y mofado por el necio. No obstante, tales procederes no podrán excitar o irritar la mente del verdadero Rosacruz, ni perdurar la divina armonía de su alma, porque su fe descansa en la percepción y conocimiento de la verdad que en él residen. La oposición de un millar de personas ignorantes no le inducirá a desistir o hacer aquello que él conoce como noble y justo, y lo hará, aunque esa acción represente la pérdida de su fortuna o de su vida. Siendo capaz, y estando acostumbrado a dirigir su vista hacia lo divino, no puede ser engañado por las ilusiones de la materia, pero no obstante, se adhiere a la realidad externa. Estando rodeado de influencias angélicas y atento a esas voces, no se afecta por el ruido que hacen los animales. El vive en compañía de esos nobles seres, quienes fueron una vez hombres igual a los otros, hoy transfigurados, y que ahora están allende el alcance de lo vulgar y bajo.


9. EL ROSACRUZ NO PIENSA MAL DE LOS OTROS.


Aquellos que piensan mal de los otros, sólo ven lo malo que en ellos existe, reflejado como en un espejo. El Rosacruz siempre está atento y dispuesto a reconocer lo bueno existente en cada cosa. La tolerancia es una virtud en la cual el Rosacruz se destaca eminentemente de sus semejantes y lo hace fácilmente distinguible. Sí en el transcurso de la conversación, algo aparece ambiguo, él suspende su juicio acerca de esto hasta que investiga su naturaleza, mas como sabe que su razonamiento no es perfecto, siempre se muestra inclinado a formarse una buena opinión, que una mala, de cuanto le rodea.


10. EL ROSACRUZ AMA LA JUSTICIA.


El, no obstante, nunca se excita al juzgar las faltas ajenas, ni desea aparecer como sabio para censurar los errores de los otros. No se regocija en habladurías, le preocupan las necedades de otros, como si se trata del zumbido de una mosca o las cabriolas de un mono. No haya placer en escuchar altercados o discusiones de carácter político o personal, o recriminaciones mutuas. Le tiene sin cuidado la astucia del zorro, el disimulo del cocodrilo, o la rapacidad del lobo, ni se alegra cuando el cieno es sacudido. Su nobleza de carácter lo eleva a una esfera que está muy lejos da tales fruslerías y absurdidades, y estando por encima del plano sensual, en el cual los mortales comunes encuentran su felicidad y gozo; vive con aquellos que no piensan mal de los otros, que no goza en la injusticia hecha a un hermano, ni se alegra de su ignorancia o desgracia. Sólo vive en compañía de quienes aman la verdad, y están rodeados por la paz y la armonía del espíritu.


11. EL ROSACRUZ AMA LA VERDAD.


No hay demonio peor que la falsedad y la calumnia. La ignorancia no es dañosa, pero la falsedad es la substancia del mal. El calumniador se regocija, así sea el objeto de su calumnia, de tamaño reducida, sobre el cual apoyar su mentira y hacer que ellas crezcan como montañas.


Opuesta a ella, está la Verdad, la que es un rayo de la eterna fuente del BIEN, la que tiene el poder de transformar al hombre en un ser divino. El Rosacruz, en razón de esto, no busca otra luz que la de la verdad, y esta luz no la goza él solo, sino en compañía de quienes son buenos, y están pletóricos de majestad divina, así vivan en esta tierra o en estado espiritual; y él la gusta con aquellos que son perseguidos, inocentes, o están oprimidos, pero que serán salvados por la verdad.


12. EL ROSACRUZ SABE GUARDAR SILENCIO


Los que son falsos no aman a la verdad. El verdadero Rosacruz prefiere la compañía de quienes estiman la Verdad, a la de aquéllos que la pisotean. El guardará aquello que conoce, encerrado en su corazón, porque en el silencio, está el poder. Como un Ministro de Estado, no va de un lado para otro contando a todos los Secretos del Rey, porque el Rosacruz no hace desfilar ante el público las revelaciones hechas a él por el REY INTERNO, que es más noble y sabio que cualquier mundano o príncipe; él tiene como única y segura guía, la autoridad y el poder que deriva de ellos mismos. Su secreto cesa sólo cuando el Rey le ordena hablar, pero en tal caso no es él quien habla, sino la verdad que se expresa por su intermedio.


13. EL ROSACRUZ CREE EN AQUELLO QUE CONOCE.


El cree en la inmutabilidad de la Ley Eterna, y que cada causa tiene un cierto efecto. Conoce que la verdad “no puede mentir", y que las promesas que su Rey le hace, siempre son cumplidas, si él no impide su completa realización. De allí que es inaccesible a la duda o el temor, y pone implícita confianza en los principios divinos de la Verdad, que está viva y conciente dentro de su corazón.


14. LA ESPERANZA DEL ROSACRUZ ES FIRME.


La esperanza espiritual que proviene de cierta convicción como resultante del conocimiento de la Ley, que la Verdad reconoce por la Fe, crecerá y será colmada. Es el conocimiento del corazón, y por cierto muy diferente de las especulaciones y razonamientos del cerebro. Su fe descansa sobre la roca de su propia percepción, y no puede ser destruida. El sabe que en todas las cosas, malogrado aparezcan éstas, como malas, está el bien en germen, y tiene esperanza que en el curso de la evolución, ese germen se desarrolle, y así el mal sea transformado en bien.


15. EL ROSACRUZ NO PUEDE SER VENCIDO POR EL SUFRIMIENTO.


El sabe que no hay luz sin sombra, no mal sin algún bien, y que la fuerza crece en relación a la resistencia. Habiendo reconocido la existencia del principio Divino en todas las cosas, los cambios externos son para él, de poca importancia, y que no merece mayor atención. Su principal objetivo es sostener sus posiciones espirituales y jamás perder la corona que ganó en la batalla de la vida.


16. EL ROSACRUZ SERA SIEMPRE MIEMBRO DE LA SOCIEDAD.


Los nombres tienen poca importancia. El principio que preside El Verdadero Rosacruz es la Verdad, y él, que la conoce y sigue su práctica, es por eso miembro de ella. Sí todos los nombres fueran cambiados y el lenguaje alterado, la Verdad permanecería siendo siempre la misma, porque él que vive en la Verdad, vivirá aún, si todas las naciones se extinguiesen.

 


RECUERDE: El poseer sólo unos cuantos de estos signos no hará de usted un Rosacruz. Seguirá siendo un Miembro Rosacruz hasta tanto posea la mayoría de ellos (o todos). Entonces, y sólo entonces, será usted un ROSACRUZ.

 

Revista El Rosacruz A.M.O.R.C. 


Publicado por cutronio @ 18:03  | Filosof?a
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