Lunes, 02 de enero de 2012


Aun cuando el amor sea expresado en forma humana es, incuestionablemente, una emoción divina o, por lo menos, es la más divina, la más infinita y la máxima de todas las emociones que el ser humano puede abrigar.


En toda su plenitud y perfección, el amor es el don supremo que Dios concedió al hombre; fue la bendición final que impartió a Su última y máxima creación. El amor es lo que convierte al hombre animístico en una imagen de su Creador y le hace un ser único en el universo. El amor constituye la relación inmortal, eterna, entre Dios y el hombre.


El amor procede de la intuición cósmica, de la inspiración infinita y rara vez nace del razonamiento finito.


El amor es creativo y crece a medida que se expresa: jamás puede derrocharse ni consumirse. El amor engendra amor; expresa su propio poder en todas partes y su devoción lo intensifica.


El amor es también reactivo; perfecciona el ser de quien ama y con ello ese ser eleva al ideal de su amor. Amar la belleza brinda a ésta mayor hermosura. Amar las cosas nobles, proporciona nobleza a las experiencias de la vida. Amar los valores espirituales, (en los contactos humanos y universales) nos permite elevar el valor de lo espiritual.


El amor es el poder infinito por cuyo medio el hombre puede regir el destino de su vida, y es por medio de ese mismo poder que Dios rige al universo.

 


Cuando el hombre acrecienta su amor intensifica su armonización con Dios, porque el amor es la esencia de Dios en el hombre. Cuando el amor llena la conciencia y la mente, su poder infinito cura todas las enfermedades del cuerpo. Cuando el amor no es expresado aparecen la enfermedad y el sufrimiento; la ausencia del amor da paso al odio, a la envidia y a los celos.


Lo que es natural en el cuerpo físico lo es también en la organización política. Lo que sucede con el hombre, ocurre también con las naciones. El amor es siempre positivo, nunca neutral.


Las naciones sufren desastres en proporción al amor suprimido. El amor verdadero no puede ser limitado; es sólo la presunción y la arrogancia lo que causa que se exprese un falso amor y esto engendra desastres.


La manera más segura de que una nación disfrute de paz y felicidad, es inculcar en la conciencia de sus ciudadanos agradecimiento por las bendiciones recibidas. La forma más rápida de que un pueblo prospere y sea feliz, es que irradie amor abundante hacia todas las criaturas de Dios.


Tenemos mucho de qué estar agradecidos cada hora y cada día de nuestra vida. La vida misma es una gloriosa bendición por el solo hecho de ser una espléndida herencia del amor.

 


El agradecimiento es un impulso del amor. De acuerdo con la ley de la reciprocidad, de la ley de la compensación, el hecho de expresar agradecimiento amplia el horizonte de la receptividad. Una oración de agradecimiento acerca el alma del hombre a Dios y aviva el amor en el corazón de otros. Cuando uno no expresa agradecimiento, oprime al poder del amor.


Expresemos agradecimiento por las bendiciones recibidas no sólo cada vez que un año termina, sino cada día del año. Expresemos un amor sin límites a todos los seres de todas las naciones, sintiéndonos seguros del amor universal de Aquel que creó los océanos y todas las tierras.


El mundo está enfermo: su cuerpo físico y político está desarmonizado. En todo el mundo predomina el dolor, el sufrimiento y el infortunio; pero el amor puede vencer a la desarmonía, el amor verdadero, universal, imparcial e incontaminado por la discriminación radical.


Den gracias por la Vida, por la Luz y por el Amor. Permitan que el amor ilumine su vida y la vida de otros. Envuélvanse en un aura de amor, y disipen las sombras del desaliento y la depresión.


Una ley universal hará realidad sus más caros deseos:


¡La Ley se halla dentro de ustedes!
¡Esa Ley es el Amor!

 

Por el Dr. H. Spencer Lewis, F.R.C.
Revista El Rosacruz A.M.O.R.C.
 

 

 


Publicado por cutronio @ 19:21  | Aplicaci?n pr?ctica
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