Jueves, 01 de diciembre de 2011


Hay un axioma en filosofía y ciencias, aceptado universalmente, que dice que no hay efecto sin causa, e inversamente, que no hay causa sin efecto: La primera de estas dos declaraciones es bastante obvia: que no puede haber efecto sin alguna causa motivante. Pero la segunda declaración hacer surgir una pregunta en nuestra mente: ¿Puede existir una causa sin un efecto?

Podemos decir que la gravedad ocasiona una catarata cuando un lago o río se encuentra a un nivel mas alto que el terreno circundante, pero que hay casos en que se llenan estas condiciones, y no hay catarata: La respuesta es que existe el poder necesario para producir una cascada, pero ese poder no esta en juego.


Debe haber una abertura en lugar apropiado del borde del lago de modo que el agua pueda salir y hacer posible que la gravedad ponga su poder en movimiento. Entonces, y solamente entonces, se manifestara el efecto: Podemos, pues, decir, que la causa no es únicamente el poder de hacer una cosa, sino que es un poder puesto en juego.


Por tanto, y entendido bajo esta luz, no puede existir una causa sin su efecto.

 


Ahora bien, se acepta universalmente que Dios, aunque sea concebido de diversas maneras por varios credos y pueblos, es la Causa y Principio del Hombre y de todo el Universo. Por lo tanto, el hombre esta seguro, aún sin medios de prueba experimental o científica, de que este Dios es su creador, ya sea El una personalidad de acuerdo con las creencias ortodoxas, o una entidad espiritual o el agregado impersonal de la Ley natural y espiritual. El hombre esta seguro de esto, primero, a través de su sentido intuitivo, y segundo, a través de la razón y la meditación espiritual.


Causa y efecto; como Jesús lo dijo:

 

"Yo soy la "Vid" y vosotros las ramas".

 

Dios y el Hombre son tan inseparables como la causa y el efecto o la vid y las ramas. Una de las más importantes funciones del efecto es hacernos conscientes de la causa. La causa es una cosa invisible, mientras que el efecto es la manifestación corpórea o visible de aquellas. Si no fuera por el efecto y el poder de razonar, jamas seríamos conscientes de ninguna causa.


Con excepción de unos cuantos casos discutibles, los animales no razonan. De aquí que no sepan la causa, y vivan solamente en el mundo de los efectos. Pero el hombre sí piensa y actúa inteligentemente, vive en ambos mundos, el de las causas y el de los efectos. Y cuando el motivo del hombre es recto, puede cambiar los efectos desfavorables de su vida y el medio, poniendo en movimiento diferentes causas. Hago notar que no dije  "el hombre puede cambiar las causas", pues Dios, Causa, Principio, es inmutable. Pero diferentes causas pueden ser puestas en acción para llevar a cabo diferentes efectos. Juntamente del mismo modo que podemos impedir que la gravedad forme la catarata en el borde del lago, tapando la salida e instalando una bomba que al funcionar haga el efecto contrario y suba el agua en la ladera de la colina a un nivel mas alto. En este caso no cambiamos la ley de la gravitación, ni nos separamos de ella; solamente aplicamos una ley o causa diferente y producimos un efecto diferente.


Vemos entonces cuan inútil sería implorar a Dios que suspenda la ley de la gravedad porque necesitamos que nuestro lago suba en vez de bajar. Nosotros no haríamos semejante tontería; pero hacemos cosas igualmente tontas cuando pedimos erradamente algo concerniente a Leyes que ignoramos. Cuando deseamos ejecutar en el mundo físico algo que está mas allá de nuestro conocimiento presente, no pedimos a las leyes científicas que lo hagan. En vez de ello, vamos a los libros que enseñan dicha leyes y aprendemos su empleo, de modo que podamos aplicar las causas correctas para llevar a cabo así los efectos deseados.

 


Analogías

"Lo que esta en el cielo es como lo que esta en la tierra" o inversamente, lo que esta en el reino físico, es como lo que esta en el reino espiritual; debemos obtener y leer libros y artículos que expliquen las Leyes del Espíritu, si queremos aplicarlas para llevar a cabo los efectos deseados en nuestra vida cotidiana. Las ideas son emanaciones de Dios; son inspiradoras y creadoras; ellas son la causa. Los pensamientos son efectos, son cambiantes, y dependen de la idea (causa) que nos llega por inspiración y nos trae pensamientos con relación a esas ideas.


Se ha dicho que Dios y sus creaciones son una sola y misma cosa. En un sentido, esto es verdad, pero necesita una explicación. Estando el Hombre hecho a imagen de Dios, es como El; por consiguiente, el hombre tiene dentro de sí mismo, individualmente, la causa y el efecto. La causa u hombre real, decimos, es el Ego; mientras que el efecto esta expresado por medio de su cuerpo físico.


La causa es invisible, el efecto es visible. Durante siglos, nuestros ojos han sido lo bastante torpes y crédulos para creer que el cuerpo o efecto muere; pero nos adherimos tenazmente al principio de que la causa u hombre real es eterno, pues decimos que somos creados a su imagen y semejanza. De aquí que, puesto que el Ego o causa del hombre nunca muere, el efecto o cuerpo debe continuar reapareciendo de tiempo en tiempo hasta que él vea que es un error creer en la enfermedad y la muerte. Entonces, él demostrara la Vida Eterna y tendrá dominio sobre su cuerpo carnal y lo hará que aparezca y desaparezca a voluntad para su mejor empleo, justamente como lo dijo Jesús:

 

"Cosas más grandes que estas haréis".

 

Es tiempo de que estemos ocupados y lleguemos mas cerca de lo que El hizo, antes de que podamos hacer cosas aún más grandes.


Así diremos en lo que concierne al hombre, que su causa y efecto parecen separados tanto como él abriga esta falsa creencia. Sin embargo, es solamente una creencia, y cuando sus ojos se espiritualicen, él vera que jamas hay ninguna separación. Dios y su creación por lo tanto, no pueden estar separados en pensamiento, ni en situación, puesto que ambos son infinitos y habrán de ser coincidentes. Si ellos ocuparan lugares separados, nunca serían infinitos.

 


Conclusiones

Considerando todo esto, llegamos entonces a estas conclusiones ineludibles: Primero, que el hombre es inseparable de Dios; y segundo, que el Hombre y el universo constituyen la expresión física o "cuerpo" de Dios; justamente como el cuerpo del hombre compuesto de billones de celdillas constituye la expresión física del ego del hombre.


Ahora bien, puesto que por definición sabemos que Dios es Bueno, que es Ley, Principio, Amor, Vida, y que es Omnisciente, Todopoderoso, y Omnipresente, vemos como el "derecho de nacimiento" del hombre lo dota con esos mismos atributos en cuanta expresión invoque él para su uso. Afirmemos que nosotros somos estas cosas, y hagámoslas sentir por nosotros mismos, y así nosotros las tendremos.

 

Por Hugo P. Hubbard

Este artículo fue publicado por primera vez en la revista "El Rosacruz" Vol. I No.6 Editado en Julio de 1948


Publicado por cutronio @ 14:43  | Aplicaci?n pr?ctica
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