Jueves, 24 de noviembre de 2011


¡Todo ser viviente tiene un alma! Hay un alma de alguna clase hasta en un grano de trigo, en una semilla o en un bulbo de alguna planta, y seguramente que hay almas hasta en las formas más pequeñas de la vida animal. Donde hay inteligencia hay alma, y donde hay alma hay la posibilidad de desarrollo espiritual y progreso evolutivo.


Está fuera de la cuestión, por ahora, el discutir si el alma de un perro o un gato puede evolucionar hasta llegar a ser el alma de un ser humano o no, y no podríamos contestar a esta pregunta con alguna seguridad de que fuera correcta. Esto no tendría nada que ver con la cuestión presente, y debemos alejarnos de especulaciones ociosas. Pero no hay razón para que dudemos de la ley universal de que un alma de cualquier clase, ya sea en el cuerpo de un pez o de un pájaro, un gato, un perro o un caballo, es inmortal y por lo tanto indestructible y capaz de renacer y de tener cambio evolutivo. El alma de cualquier animal es capaz de desarrollo por medio de la experiencia, por medio de las lecciones aprendidas, y por medio de las pruebas y tribulaciones de la vida.

 


Si esa alma, después del tránsito, pasa a otro animal de naturaleza y especie semejantes, pero de tipo más alto o de inteligencia más alta, o si pasa a una forma más alta de cuerpo físico o no, no nos importa por el momento. Pero, puesto que la vida animal y el alma animal son inmortales, deben pasar a algún reino espiritual después del tránsito, y por lo tanto debe haber un "cielo" para animales, como se cree que lo hay para los seres humanos. Por lo que sabernos, hasta pudiera ser el mismo, y yo sería el último en afirmar que las almas de esos animales no moran en el mismo reino espiritual de las almas de los seres humanos. Yo no concibo que Dios cierre la puerta a cualquier animal y lo condenara por sus errores, ya que es un alma primitiva y no ha tenido la oportunidad de desarrollarse y evolucionar y aprender las amargas lecciones de la vida. No podemos concebir injusticia ni falta alguna de equidad por parte de Dios, pues de otro modo destruiríamos y eliminaríamos la misma esencia y elementos que constituyen a Dios.


Sabemos que la mente y el intelecto de los animales evolucionan. Se les puede entrenar para que aprendan y comprendan y recuerden. Sabemos que ellos desarrollan rasgos típicos del alma como la ternura, la fidelidad, la obediencia, el sentido de justicia y aprecio, y por sobre todo, la cualidad del amor. Podemos ver cómo se desarrollan estos rasgos y tendencias en nuestros animalitos domésticos, día por día y semana por semana, a medida que van creciendo bajo nuestro cuidado y nuestra guía. Si existe en la naturaleza y cualidad del alma de un animal el grado de evolución posible que le permita desarrollarse durante el corto tiempo que esos animales viven aquí en la tierra con nosotros, ¿qué razón tendríamos para suponer que esa evolución no es una cualidad inherente y un elemento persistente y coherente de su alma?

 


Por otra parte, si un ser humano puede llegar a la conclusión positiva de que cuando un perro, gato u otro animal "muere", el alma de ese animal termina su existencia y pone fin por siempre y eternamente a toda forma de cambio evolutivo de expresión, entonces esa persona debería llegar también a la conclusión de que el alma de un ser humano termina toda su existencia en el momento de eso que se llama muerte. No puede haber una regla que establezca la inmortalidad del alma del hombre y niegue la misma cosa al mismo espíritu y esencia universal que reside en otra forma de criaturas vivientes de esta tierra. Y por la misma razón, cualquier persona que crea firmemente o esté convencida de la idea de que el alma humana es inmortal, debería convenir lógicamente que el alma de un animal es inmortal.


Si todas las almas son inmortales, debe haber un reino espiritual en el que ellas moren después de esta vida. Además, si todas las almas evolucionan por medio de la adquisición de experiencia y por el proceso de desarrollo, entonces las almas de los animales evolucionan y se desarrollan. Pero la idea de la trasmigración, o sea que el alma que ha evolucionado en la Consciencia de Dios, o que ha alcanzado un estado en el que Dios ha decidido que es digna de ser un alma humana, pueda luego retroceder y convertirse en un alma primitiva, o en un alma que está en un cuerpo físico primitivo como el de un animal, es una idea tan completamente contradictoria con todas las leyes de la naturaleza y con nuestra guía Divina, que solamente quienes tienen algo torcido en su pensar pueden acatar semejante pensamiento.

 

Dr. Harvey Spencer Lewis, F. R. C. 


Publicado por cutronio @ 18:08  | Metaf?sica
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