Jueves, 13 de octubre de 2011


Todos en mayor o menor escala tenemos problemas; a veces estos nos abruman verdaderamente y no hallamos a quién o qué asirnos en busca de una solución. En estas ocasiones la mayoría de la gente busca la solución en el exterior, ya sea buscando a los amigos, confiando en su familia, etc.


Cuando ni sus amigos ni su familia les pueden ayudar recurren a un remedio "extremo": la intervención de Dios. En la mayoría de los casos la persona en conflicto resulta decepcionada por no haber podido solucionar su problema a pesar de que según sus propias palabras: "Confíe plenamente en Dios pero no se digno a ayudarme". Pero, analizando bien la situación nos damos cuenta que en la época en que vivimos, época de notables contradicciones, época de una tecnología desarrolladísima, en que la ciencia es casi omnipotente y de una capitalización de los valores; hemos perdido la fe y la confianza en el Ser Supremo y también algo muy importante y valioso: la esencia de nosotros mismos, nuestro Ser Interno.


La influencia de nuestra época se deja notar en cada uno de nosotros: modifica profundamente nuestra personalidad, las modas, el cine, la radio, la televisión etc. Esto ha hecho de nosotros personalidades prefabricadas; todas nuestras actitudes y modales son poco naturales, no armonizan con nuestra Alma-Personalidad.


Por eso cuando tenemos la necesidad real o simbólica de la ayuda divina, no la obtenemos. Nuestra mente persuadida por los medios de propaganda (cine, radio, TV. etc.) de que los "milagros" no existen, de que los fenómenos mentales como la telepatía, la fuerza de voluntad y la proyección a distancia son sólo fraudes, pone en juego el poder latente del Maestro Interno.


A pesar de que pensamos que tenemos puesta una fe sólida en la solución de un problema, esto no es verdad. Lo cierto es que no sabemos desear en verdad. Cuando aprendamos a desear con intensidad, orientando todo nuestro ser, toda nuestra atención, toda nuestra confianza en algún fenómeno, éste aparecerá. Para esto es necesario aprender a usar la fuerza de voluntad, las fuerzas mentales desconocidas que todos tenemos dentro de nosotros. Cada vez que necesitemos que ocurra una situación benévola debemos querer con todo nuestro ser su aparición y confiar que "Así Será".


Aunque al principio fracasemos no debemos desanimarnos; recordemos que aún no sabemos querer en verdad y sigamos ejercitando la acción de nuestra mente hasta que logremos resultados positivos.

 

Por Martín Ibarra L., F.R.C.
Revista El Rosacruz A.M.O.R.C. 


Publicado por cutronio @ 1:01  | Aplicaci?n pr?ctica
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios