Martes, 11 de octubre de 2011

 

Si tomamos una varilla de vidrio bien seca y la frotamos con un pedazo de tela de lana, y luego la acercamos a trocitos de papel, aserrín, pedacitos de madera muy livianos, plumas, u otros objetos similares, observamos que éstos saltan desde donde reposan hasta pegarse de la varita. Este experimento fue realizado en Grecia con una varilla de ámbar, en vez de vidrio, unos 600 años antes de la Era Cristiana, y fue el que dio lugar al primer conocimiento experimental de la electricidad, que es el fenómeno que se produce al frotar la varilla.


Experimentos posteriores, comenzados en los alrededores del año 1600, demostraron que al frotar la varilla con lana, ambas substancias se cargan de electricidad, y que la electricidad consiste en una carga de exceso o déficit de electrones. Todo cuerpo cargado de electricidad tiende a perder la carga hasta alcanzar el estado eléctricamente neutro, es decir, hasta que se encuentre al mismo nivel de carga eléctrica que los cuerpos con los que está en contacto. Podríamos decir que sucede con los cuerpos cargados de electricidad como con envases llenos de agua; si unimos por medio de una manguera dos envases llenos de agua a niveles diferentes, el agua pasará del que tiene mayor al que tiene menor nivel, hasta que se igualen.


Al pasar el agua por la manguera hay un “conductor” del agua, y hay una corriente a través de ese conductor. Esto es lo que ocurre con la corriente eléctrica, y la semejanza de los dos fenómenos dio lugar a la teoría, hoy descartada, de que la electricidad fuera un fluido. Alrededor de un cuerpo con una carga eléctrica se forma un “campo eléctrico” es decir, una región alrededor de la cual se manifiesta la acción de la carga. Este campo es menos intenso a medida que se aleja de la carga.


Estrechamente ligado al fenómeno de la electricidad está el magnetismo que es un fenómeno cuya manifestación más conocida es la atracción de ciertos metales por los llamados “imanes,” que son minerales dotados de la propiedad de atraer al hierro.

 

 

Alrededor de un imán se manifiesta un campo magnético, cuya naturaleza íntima está estrechamente relacionada con la naturaleza del campo eléctrico. También en una época se habló de “fluido magnético,” y se estableció toda una terminología en la que se denominaba “magnetismo” al poder de la sugestión y al hipnotismo. En realidad no hay, en la acepción de las ciencias físicas, ninguna relación entre ambas cosas y al referirnos aquí al efecto magnético nos limitaremos al fenómeno puramente físico.


Uno de los más importantes usos del magnetismo ha sido, en la historia, el uso de la aguja de imán de la brújula. La tierra es un gran imán, cuyos polos magnéticos están situados aproximadamente en los polos geográficos. Una agujita de metal imantado suspendida de manera que pueda girar libremente, siempre se orienta en dirección de los polos magnéticos, y de allí su enorme utilidad para la orientación de los viajeros, pues la atracción del imán atraviesa cualquier espesor de materia, rocas, montañas, etc., y se manifiesta en cualquier condición de temperatura o humedad.


Es muy curioso observar que, cuando se tiene una corriente eléctrica como por ejemplo de una pila eléctrica, pasando por un conductor, las agujas magnéticas que se coloquen en su proximidad se desvían. Esto indica que alrededor de una corriente eléctrica hay efecto magnético, y demuestra una estrecha relación entre los fenómenos. Toda la ciencia moderna de los motores, y gran parte de la tecnología moderna se basa precisamente en la relación entre estos dos fenómenos físicos.

 

Electricidad y vida

La vida animal se caracteriza por el movimiento. El movimiento pulsátil de los órganos de un animal se caracteriza a su vez por estar unido a la producción de pequeñas cantidades de electricidad, las cuales dan origen a corrientes eléctricas dentro del individuo mismo, con la correspondiente formación de campos eléctricos y campos magnéticos.


Desde el año 1887 se ha utilizado la producción de impulsos eléctricos en el organismo para el estudio del funcionamiento de un órgano: el corazón. La técnica de la inscripción de estos impulsos es bastante sencilla; por medio de unos discos de metal se toman los pequeños impulsos directamente sobre la piel, luego éstos son llevados a un instrumento donde se amplifican, y así amplificados se registran sobre una cinta de papel.


Por la amplitud de las ondas, su forma, y la manera como se suceden, el médico especialista puede observar clara y detenidamente el funcionamiento del órgano estudiado, y en exámenes sucesivos se puede estudiar la evolución de un tratamiento, sin ocasionar molestias al enfermo. Este procedimiento que se llama “electrocardiograma” es un valioso medio de diagnóstico médico.

 


Todos los órganos tienen un funcionamiento eléctrico, y lo más probable es que dentro de algún tiempo (si es que ya no se ha hecho) se perfeccionen instrumentos para registrar la actividad eléctrica de órganos como el estómago, y hacer así un completo estudio de su funcionamiento. En la actualidad existe ya el registro de la actividad muscular (electromiograma) y el estudio eléctrico del más complejo de todos los órganos: el cerebro.


El estudio del electro-encefalograma, o sea del registro de la actividad eléctrica producida en el cerebro es tan interesante, que vamos a describir brevemente la forma clásica como se practica.


Unos pequeños discos de soldadura, unidos a unos delgados alambres se colocan en sitios adecuados de la Región Occipital Derecha y de la Región Occipital Izquierda del cerebro. El alambre se conecta al circuito amplificador, el cual lleva los impulsos eléctricos y los amplifica.


El cerebro, en sus dos mitades, derecha e izquierda, es simétrico en su actividad, y las ondas de cada región son análogas a las de la misma región del lado contrario. Es muy interesante notar esta simetría de actividad cerebral eléctrica, y más aún, que en las personas zurdas el lado derecho presenta una amplitud de ondas algo mayor, mientras que en las diestras la actividad de mayor amplitud es la del lado izquierdo.

 


En el niño, la actividad cerebral es muy diferente de la del adulto: en niños recién nacidos sólo hay ondas amplias, irregulares, muy semejantes en todas las regiones y a medida que la edad aumenta va aumentando la diferenciación en la actividad eléctrica, hasta los 16 ó 18 años.


En el sueño, la actividad cerebral del adulto disminuye en amplitud, y se hace poco diferenciada, exceptuando algunas zonas.


Por medio de este procedimiento no se puede saber si una persona tiene alguna perturbación mental o problemas psicológicos; para estos tipos de afecciones hasta el presente no se obtienen datos de importancia. En cambio, en el caso de tumores del cerebro, epilepsia, hemorragias, etc., es un instrumento de gran valor, hasta el punto de que en un electroencefalograma hecho por un médico especializado, un cirujano del sistema nervioso puede basarse para saber con precisión el sitio del tumor que va a extirpar.


Algo que puede ser de un gran valor para los estudiantes de misticismo es el conocimiento de que las ondas cerebrales son afectadas por la respiración. Si en el momento de practicar el electroencefalograma se hace que el sujeto respire enérgica y profundamente durante unos 45 segundos, en muchos casos las ondas se desorganizan, se hacen más amplias e irregulares, semejantes en parte a las de un niño de corta edad.
A veces, en el individuo normal este procedimiento provoca la aparición de manifestaciones emocionales: llanto y tristeza con más frecuencia.


Estos hechos son notables, y esperamos que la breve reseña que hemos hecho de ellos siembre en la mente de nuestros lectores la semilla de la inquietud y el deseo de ahondar en este campo.
 

 

Por Clemencia García Villasmil, S.R.C.
Revista El Rosacruz A.M.O.R.C. 


Publicado por cutronio @ 19:06  | Varios
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