Mi?rcoles, 28 de septiembre de 2011

 

Todos sabemos que la respiración es vital para sustentar la vida del cuerpo. Es la fuente que provee la preciada energía (la esencia vital) que nos es necesaria para sobrevivir y crecer en nuestros ambientes físico y psíquico. 

La respiración proporciona oxígeno a las células y elimina del cuerpo su producto residual, el bióxido de carbono. De hecho, los pulmones expelen el veinticinco por ciento de todos los residuos corporales, un porcentaje muy elevado si se toma en cuenta que no solemos pensar que los pulmones son un órgano excretorio.


La respiración afecta también la inmunidad del cuerpo a las enfermedades, la claridad y agudeza de la mente, la vitalidad y los niveles de energía.


Por razones obvias, desde hace siglos el hombre ha asociado a la respiración con la esencia vital que entra en el cuerpo con la primera aspiración y lo abandona con el último aliento. De hecho, los autores clásicos de los tratados de medicina oriental sustentaban que la fuerza vital, o energía universal, entra al cuerpo con cada respiración y entonces los pulmones extraen del aire esta esencia vital a fin de que el cuerpo la utilice.


La antigua civilización china no fue la única en asociar a la respiración con la fuerza vital. Los antiguos griegos nos heredaron la palabra  Pneuma, que significa tanto espíritu como respiración.

 

 

 

La palabra  spiritus  pertenece al latín y en dicho idioma significa respiración, aliento de vida, alma, mente y espíritu; además, es interesante observar que el término era asociado también con el ánimo. De spiritus se derivan los términos inspirar, aspirar y expirar, palabras que se relacionan no sólo con procesos físicos sino también con el corazón y el alma del hombre.


Siglos antes de que florecieran las civilizaciones griega y romana, los egipcios habían relacionado ya al hombre con lo divino y lo eterno, habiendo dado el nombre de  sahu a su interrelación con el aliento. La palabra sahu era empleada diversamente para significar aliento, alma o ser superior. El término sa quería decir "fluido divino", la esencia que da vida al hombre.


La tradición védica de la India, que floreció aproximadamente al mismo tiempo que la cultura egipcia, empleaba la palabra  atma que significa aliento y alma. Esta palabra, relacionada con el antiguo término griego  atmos ("aliento"), sobrevive virtualmente intacta en el moderno idioma alemán como el verbo atmen, que significa "respirar".


Del sánscrito proviene también la palabra  prana, nombre dado al aliento y a la fuerza vital que comparten en común todos los seres vivos. El sistema pranayama contiene técnicas de respiración que son practicadas en muchas de las disciplinas yoga. El pranayama es practicado también para despertar el kundalini, el fuego divino y el aspecto feménico del principio divino. El kundalini suele representarse con una víbora enroscada en la base de la espina dorsal.


Por supuesto, muchas disciplinas usan técnicas de respiración para curar e incluso para la proyección astral.


En el esqueleto del hombre hay un mecanismo interesante llamado bombeo cranealsacral.

 

 

Por supuesto, la palabra craneal se refiere a los huesos que conforman el cráneo y sacral al sacro, el hueso de forma triangular ubicado en el extremo inferior de la columna vertebral. A propósito, la palabra sacro se deriva del latín sacer, "sagrado", que es una curiosa referencia recíproca al centro de la energía kundalini. Este mecanismo de bombeo crea la circulación del fluido cerebroespinal que nutre las estructuras del sistema nervioso y desecha sus residuos.


Lo que causa el bombeo del fluido cerebroespinal no es otra cosa que el acompasado ritmo del acto de inhalar y exhalar. El movimiento sutil de la respiración hace vibrar muy delicada y continuamente el sacro y las sienes, haciendo circular el flujo. Las sienes son en realidad dos extremos del mismo hueso que cruza a todo lo ancho del cráneo.


La tradición huna que es preservada en la cultura polinesia y que nosotros conocemos como doctrina de los kahuna, los legendarios maestros de los elementos, usa la respiración como un medio para obrar milagros y crear. El aire aspirado introduce al cuerpo la fuerza vital conocida como mana.


La palabra mana significa también sacrificio, reverencia, amor, deseo imperioso, autoridad, destreza e idoneidad. Mana es la raíz de las palabras verdad, adorar, ideas, meditación, confianza y tiempo. Mana abre la comunicación entre las emociones, el intelecto y el ser superior, y luego los integra. Por ende, es a través de la respiración que se inicia la expresión de la vida, y la que la sostiene y refina.

 

 

Cómo respirar con mayor eficiencia  

Considerando a la respiración desde un punto de vista más práctico y físico, encontramos que nuestros hábitos de respirar suelen ser punto menos que ineficientes. Solemos considerar como lo más natural del mundo el acto físico de respirar: si por casualidad llegamos a pensar en ello suponemos que con el simple hecho de aspirar y exhalar el aire, estamos respirando correctamente. Por desgracia, con el tiempo, las tensiones, mala postura del cuerpo y el uso de ropa demasiado ceñida, perdemos los hábitos naturales de respirar que tan espontáneos fueran durante nuestra infancia.


Para respirar con mayor eficiencia debemos aspirar profundamente para llenar por completo los pulmones de aire y luego exhalarlo todo. Los pulmones son bastante grandes, pues llenan toda la caja torácica. Si colocan las manos sobre el pecho y respiran como lo hacen usualmente, podrán sentir que se expande y se contrae. Sin embargo, al respirar sólo se mueve la parte superior del pecho y los hombros, cuando en realidad debieran sentir la expansión y contracción sobre todo el pecho y una parte de la espalda. Cuanto más completa sea la expansión de los pulmones, mayor será la cantidad del oxígeno vital que entra a ellos y más grande la correspondiente cantidad de aire impuro que se arroja con la exhalación.


La profunda y prolongada inhalación de un bostezo es una reacción automática del cuerpo a la formación de bióxido de carbono en la corriente sanguínea, causada por la respiración superficial.


La respiración afecta también la agudeza visual, como podrá comprobarlo cualquiera de ustedes si contiene el aliento hasta que le parezca ver pequeños puntos que pasan frente a sus ojos.


Nuestro bienestar emocional está relacionado también con la respiración, pues el estado de nuestras emociones causa impacto en su ritmo y en su volumen. Imaginen la agitada respiración de alguien cuando está colérico. A la inversa, si ustedes imitan esta respiración o la producida por cualquiera otra emoción, empezarán a crear los cambios físicos y psicológicos que se producen cuando en verdad se siente la emoción.


Respirar de modo natural es un medio esencial y fácil para mejorar muchas de las facetas que conforman nuestro ser físico, psicológico y espiritual. Corresponde a nosotros habituarnos a respirar a nuestra mayor capacidad a fin de mejorar nuestra salud, agudizar nuestras facultades mentales y estructurar nuestro bienestar físico y emocional.

 

Por Margaret Hargas, F.R.C.
Revista El Rosacruz A.M.O.R.C. 


Publicado por cutronio @ 19:38  | Salud
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