Lunes, 26 de septiembre de 2011



El Poeta y amante de los árboles, Alexander Smith, una vez escribió: "Ahí se yerguen bajo el sol y las lluvias, y muy apremiantes deben ser las necesidades de aquel que ordena la masacre de un bosque. Si desean que los recuerden, vale más que planten un árbol en vez de construir una ciudad o ganar una medalla; el árbol sobrevivirá a ambas".   


Si todos los hombres en todo lugar amaran los árboles tanto como Alexander Smith, no tendríamos ningún motivo para preocuparnos. Desafortunadamente, esta feliz situación aún no existe. El hombre, en su avaricia o ignorancia, ha destruido vastas florestas y millones de acres de bosques. Por ejemplo, si se podía sacar ganancia de la construcción de casas, los árboles eran sacrificados y las casas erigidas. Si se deseaba la tierra para la agricultura o para algún otro propósito, los árboles eran arrasados cruelmente sin ninguna consideración de las consecuencias.


El hombre, en su ambición por ganancia personal, ignoró el hecho de que trastornar el equilibrio de la naturaleza es provocar el desastre. Es muy probable que el derrumbamiento de árboles al por mayor cause una serie completa de consecuencias desastrosas. La naturaleza "nos devuelve el golpe" con una ferocidad devastadora. En las palabras de Robert Chambers, resuelto defensor de los árboles:  

 

"Cuando las florestas, las aguas, los peces y animales de caza, las manadas y las bandadas de aves hayan dejado de existir, la fertilidad se habrá ido. Entonces aparecen furtivamente los fantasmas tradicionales, uno detrás del otro, inundaciones, sequías, fuego, hambre y pestilencia".

 

 

Cuando extensas áreas de un bosque son segadas, la tierra es expuesta a la fuerza total de los elementos. El viento, el Sol y el frío excesivo, reducen a polvo la tierra cultivable; los vientos soplan el polvo formando nubes turbulentas y dejando sólo desierto estéril y rocoso. Una vez que un desierto está establecido se esparce en todas direcciones, absorbiendo gradualmente en su camino los árboles y la vegetación. En algunas áreas, el desierto del Sahara avanza varias millas por año.


Además de la tala de árboles deliberada y desconsiderada, el descuido de parte del hombre trae como resultado la pérdida de muchísimos miles de acres de árboles a causa de los fuegos forestales. Si van de día de campo o de merienda al aire libre en las regiones forestales, harán muy bien en recordar que de un árbol se pueden hacer un millón de cerillos, pero un solo cerillo puede destruir un millón de árboles.


Existen numerosas razones del porqué todos deberíamos ser los defensores de los árboles. Su belleza (en nuestros jardines, parques, calles y campos) da una alegría eterna. No es una simple belleza pasajera, ya que un árbol puede vivir por cientos de años. Aún en la plenitud del invierno, un árbol sin hojas tiene una belleza propia.


Aparte de su belleza, piensen por un momento en su utilidad para el hombre. Estos nos proporcionan frutas de muchas clases; de sus semillas obtenemos nuestro café, cacao, chocolate y una variedad de especias. Madera, corcho, papel, caucho, chicle, resinas (todas estas cosas y muchas otras) son abundantemente proporcionadas por los árboles.

 

Pero eso es solamente parte de la historia. Los árboles realizan un servicio vital a la tierra misma. Ocupan, junto con las hierbas, la posición de defensores de la tierra vegetal en contra de inundaciones y oleadas. Los sauces en las regiones frías y templadas y los mangles en las tropicales, se cuentan entre las más eficientes creadores y agavilladores de tierra.


En las regiones con vegetación, la temperatura es más uniforme y la atmósfera es más húmeda que en las regiones que carecen de ella. Las raíces largas de los árboles les permiten interceptar fuentes de aguas subterráneas que no pueden ser alcanzadas por las raíces de las plantas más pequeñas. El follaje de los árboles más grandes también da una enorme cantidad de humedad. Sin duda habrán notado qué placentera es la frescura de un bosque en un día caluroso de verano.


La humedad que el árbol atrae desde la profundidad subterránea caerá a la tierra de nuevo, alguna vez, en algún lugar, para estimular el crecimiento de otras plantas y cosechas.


Otro punto que hay que tener en mente es que las florestas actúan como una cierta clase de depósito. El mantillo de varios siglos sobre la superficie de la floresta es como una esponja, retiene muy bien el agua y de esta manera actúa como un depósito natural.

 

 

Por supuesto, el mundo debe tener madera y un gran número de árboles deben ser segados. El problema comienza cuando no se da ninguna atención a plantar otros que reemplacen los que se cortaron.


El mundo tiene una deuda de gratitud con Richard St. Barbe Baker, un hombre con visión que dedicó toda una vida a enfatizar la necesidad urgente de controlar el derrumbamiento innecesario de los árboles y de incrementar grandemente la siembra de ellos. Alarmado por la insensatez e ignorancia del hombre, fundó en 1922 una hermandad internacional conocida como Los Hombres de los Árboles, con el objeto de
incrementar la siembra de árboles y explicarle a la gente exactamente por qué los árboles son tan vitales.


El trabajo de esa Sociedad a lo largo de los años ha sido verdaderamente impresionante. Millones de árboles y muchos bosques se han salvado de la destrucción y se ha ejercido una influencia poderosa para la reforestación en gran escala en muchos países. Si no hubiera sido por la ayuda de esta Sociedad, las finísimas arboledas de Secoya de California hubieran caído víctimas del hacha.

 

 

Por invitación del gobierno de los Estados Unidos, Richard St. Barbe Baker preparó un programa nacional de silvicultura. Este incluía el gigantesco proyecto de utilizar estructuras de árboles para cortar el viento, unas series de líneas de árboles de 1,600 kms. cada una, sembradas desde la frontera canadiense hasta el brazo del Estado de Texas, E.U.A., cambiando, por lo tanto, todo el futuro de las tierras de cultivo de las llanuras.


El Señor Baker ha trabajado, viajando, aprendiendo y enseñando en muchos países del mundo. Es un hombre amado, respetado y se le escucha dondequiera que va. Implícita en todo su trabajo está la firme convicción de que las civilizaciones perecerán si los árboles perecen. La "matanza" de árboles es comparable al asesinato de "la gallina de los huevos de oro".

 

 

Un proyecto excitante que se está llevando a cabo, es el intento de quitarle grandes áreas al Desierto del Sahara por medio de la siembra de árboles. Con el tiempo, esto estimulará otra vegetación y gradualmente la arena se convertirá en tierra fértil. Se estima que cerca de 5.2 millones de kilómetros cuadrados pueden ser recuperados y transformados en tierras de cultivo. Dicha área extensa podría producir enormes cantidades de comida y se podrían establecer granjas y comunidades prósperas.


Es bueno saber que por fin muchos países están tomando medidas para conservar los árboles existentes y para llevar a cabo la siembra de éstos en gran escala. En 1963, sólo quedaban cuatro bosquecillos de los famosos cedros del Líbano, el resto había sido extinguido por siglos de mal uso. Con la ayuda de los expertos de la F.A.O., el Líbano ha emprendido su ambicioso "Plan Verde", el que eventualmente triplicará el área de bosques del país. Un almácigo ha sido reservado para cultivar 75,000 semillas de cedro del Líbano cada año para plantarlos; así se asegura el futuro de este bello árbol.


Corea planea reforestar millones de acres durante los próximos años. En la actualidad los árboles juegan un papel vital en detener la arena llevada por el viento, en las extensas áreas de cultivo de Tasmania.


Varios países alrededor del Mediterráneo están dedicados seriamente a restaurar las florestas. En Turquía se realiza el cultivo de árboles en gran escala, para detener la grave erosión del mantillo fértil de este país. El gobierno de Marruecos está también batallando contra la erosión de la tierra por medio de la siembra continua de árboles.

 

En sólo un año, 65,000 olivos, 2,700 almendros y 131,000 árboles siempre verdes fueron plantados. La reforestación en Palestina por los colonos judíos comenzó hace cerca de cien años y desde 1907 alrededor de cien millones de árboles han sido plantados.


Uno de los proyectos de siembra de árboles más ambicioso que alguna vez se haya emprendido, se está llevando a cabo con tremendo entusiasmo en China. El plan de la "Gran Muralla Verde" pretende proveer una línea de bosques de 9,600 kms. a través de las provincias del noreste. El fin es vestir las estériles laderas de las montañas, los médanos, los desiertos azotados por el viento y las calles de la ciudad, con un manto verde.


Ya los pinos, los abetos, los sauces llorones y los árboles de duraznos y peras se alinean al borde de los caminos y adornan las áreas de fábricas, parques y las habitaciones de los trabajadores. El proyecto ya está empezando a pagar dividendos al convertir regiones hasta la fecha estériles, en tierras de cultivo.


Mucho se está haciendo, pero no es suficiente. ¡Seamos todos defensores de los árboles!
Podríamos alzar nuestra voz en protesta de la tala innecesaria; o podríamos dar nuestro apoyo a una de las muchas organizaciones que hacen campaña en favor de que se planten más árboles. Si su pueblo, club o iglesia tiene algo que conmemorar, ¿por qué no sugiere la siembra de algunos árboles?, ¿O podríamos ponerle más entusiasmo al "día del árbol"?

 

 

Un pensamiento final de Ralph Waldo Emerson, el gran poeta estadounidense y defensor de los árboles durante toda su vida, quien se entristecía al ver que los talaban:


Un estruendo, el himno de muerte del árbol perfecto
Declara el final de su centuria verde.
Yace caída la planta en cuya creación se utilizó
La influencia fértil de cada elemento,
Cuyas torres vivientes los años conspiraron construir,
A cuya cima tambaleante la mañana con amor daba una capa de oro. 

 

Por Trevor Holloway
Revista El Rosacruz A.M.O.R.C. 


Publicado por cutronio @ 9:39  | Ciencia
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