S?bado, 24 de septiembre de 2011



El uso de la singular palabra Amén en las doctrinas y la literatura Cristiana a menudo ha llamado la atención de los místicos y ha causado mucha especulación entre los estudiantes de literatura ocultista. Y cuando al notar uno que en la Biblia Cristiana (Apocalipsis 3: 14), según ha sido expuesto por uno de sus intérpretes, al Maestro Jesús se le llama “el Amén”, el origen, autor, príncipe, y rey de todas las criaturas en el cielo y la tierra, nos damos cuenta de que esta palabra encierra un significado más profundo del que aparentemente se infiere del uso, ya sea correcto o incorrecto, que generalmente se le da a la misma.   


La palabra Amén, en una forma u otra, es muy antigua. Es una palabra vital, vigorosa, porque es la expresión de ciertos sonidos vocales y vibraciones que son fundamentales a la vida y el poder.


Al igual que muchas otras palabras usadas por los antiguos con el conocimiento y plena comprensión de su propio uso, fue adoptada por movimientos religiosos sucesivos y finalmente se perdió, como uno de tantos, en la colección de puros términos.


Quizás ninguna otra palabra en la religión Cristiana es usada tan frecuentemente como ésta en un sentido puramente ritualístico y con tan poca apreciación de su origen, intención, propósito y posibilidades.


No importa los métodos que uno use, después de varios meses de investigación y análisis sobre esta palabra, se encuentra uno frente al hecho indiscutible de que la palabra Amén es una contracción de la muy antigua y mística palabra Aumen. Al conocer este hecho, el investigador y el estudiante igualmente, se sienten más tranquilos. Ello hace más fácil e interesante el análisis posterior de la palabra. Nos da un pensamiento prístino, una idea pura, como punto de partida.


Si dividimos la palabra en sus dos sílabas, llegamos a los principios elementales. En el antiguo lenguaje Sánscrito, el lenguaje del cual se derivaron todas las lenguas de la raza Aria, la palabra Aum no sólo era una palabra sagrada, sino que también era una palabra muy significativa. Se entonaba reverentemente en todas las convocaciones sagradas y su extraordinario sonido era usado una y otra vez para producir ciertos efectos vibratorios que los iniciados de los grados superiores de nuestras enseñanzas Rosacruces fácilmente reconocerán.

 


A la  le era dado el número 1 por los antiguos y la letra misma significa Shiva,  el Padre, el Preservador, el Creador, el número y principio de donde se derivan todas las cosas. Su sonido es abierto y claro. Su nota musical es LA  natural.


A la letra U  se le daba el número 3  (en el mismo sistema numérico presentado por Pitágoras) y significaba la expresión trina de la forma, el cuerpo, el alma y la mente en una sola unidad, el Hijo viviente. Su sonido es difícil de presentar en palabras impresas, y sólo se transmite a la mente de otra persona mediante la demostración precavida y cuidadosa de un Maestro.


A la letra M  se le daba el número 4 , el cuadrado, y significaba el Espíritu (Brahma). Su sonido es también peculiar y se produce juntando los labios, conteniendo la respiración y expeliendo el aire por la ventana izquierda de la nariz más fuertemente que por la derecha. (Tened en mente que el uso apropiado del sonido incluye el control del uso de las dos ventanas nasales, independientemente una de la otra. La persona no iniciada quizás lo desconozca, pero la verdad es que todos nosotros respiramos diferentemente a través de las ventanillas de la nariz, de acuerdo con nuestras condiciones físicas, psíquicas y mentales).


Al unir las tres letras tendremos la palabra Aum. El significado de esta trinidad es Padre, Hijo y Espíritu (o el Sagrado Aliento). Aquí encontramos inmediatamente el origen de la Sagrada Trinidad como se adoptó más tarde. El estudiante se beneficiará mucho si se refiere al tema de “La Trinidad” en cualquier enciclopedia importante y lee en las líneas y entre líneas, el significado de esta antigua doctrina....

 


La terminación de la palabra, en, tiene la misma relación con el resto de la palabra que corrientemente tiene el sufijo que se añade y una palabra usada como raíz, para darle un significado final. Se han hecho muchos esfuerzos por dar a las letras en un significado místico, pero ha habido gran especulación en estos esfuerzos.


Finalmente, cuando la palabra Aumén o Amén se pronuncia correctamente, tiene cierta relación con los sonidos musicales que preceden (y en éste caso se usa como cadencia auténtica o final, como un acorde de Séptima de Dominante, seguido del acorde sobre la tónica); o produce dos notas musicales propias y definidas.


El efecto de la palabra, conjuntamente con la respiración apropiada, es por lo tanto, el de fijar o estabilizar ciertas vibraciones previamente creadas en el éter circundante, y crear o producir una Manifestación Cósmica.


En este sentido es algo así como si los discos de una maquinaria que estuvieran pintados con segmentos de colores y girando en movimiento de revolución, los detuviéramos súbitamente. Cualquier diseño que se produjera al momento de parar los discos, quedaría fijo.


Por la tanto, la palabra Amén, tras ligera corrupción en su uso, se utilizó para expresar nuestra idea de “¡Así será!” o “¡Que así sea!”. Propiamente usada, ésta no conlleva sugerencia alguna de petición o esperanza, ni aún de mandato. Es simplemente, y poderosamente, un decreto conteniendo un poder inherente para manifestar tal decreto.


¡Cuán extensamente ha llegado a usarse en forma impropia una palabra de poder, debido a formalidades y a la ignorancia de su origen! Pero, ¿no es esto cierto en cuanto a muchas palabras místicas? ¿Y, no estamos como estudiantes de AMORC, descubriendo rápidamente nuestros errores?

 

Por el Dr. H. Spencer Lewis, F.R.C.
Revista El Rosacruz A.M.O.R.C.
 


Publicado por cutronio @ 13:01  | Simbolismo
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