Jueves, 22 de septiembre de 2011

Una cosa es vivir y otra muy diferente es tener algo por qué vivir  

Los seres humanos luchamos instintivamente por vivir, al igual que lo hace el ser vivo más simple. Sin embargo, para los seres inteligentes vivir es mucho más que la simple preservación del cuerpo físico: no consideran que la inteligencia es simplemente algo animado y consciente. Desde el punto de vista biológico la vida es acción, es dinamismo. Un ser humano saludable genera energía física y mental que tiene que disipar de alguna manera. La función de esta energía cinética produce algún tipo de trabajo. La energía física es utilizada para la locomoción del cuerpo, la obtención de alimento, para conseguir otras cosas y crear condiciones necesarias para satisfacer a los sentidos.   


La mente tiene también objetivos; se impone metas que desea alcanzar. La energía de una mente inteligente repudia la pasividad: la mente objetiva está continuamente alerta a todas las impresiones que puede recibir provenientes de su medio. Como resultado, la persona inteligente es observadora, analítica, inquisitiva. Si no puede enfocar su mente en algo que la mantenga ocupada se siente inquieta e irritable. Si es una tortura para el cuerpo obligarlo a permanecer inactivo y restringir sus funciones, igual se siente torturada la mente cuando se le inhibe o no se le permite expresarse.


La mente se complace con el logro de ideales. Cualquier condición o cosa que es esencial para satisfacer al intelecto representa un deseo mental: los deseos de la mente son tan fuertes como los deseos físicos. A menos que la mente pueda ver realizados sus deseos (cuando menos en parte) sufre una irritabilidad psicológica que constituye infelicidad en la vida del hombre. Lo que ha permitido que la humanidad progrese son los ideales inherentes a la naturaleza humana. El hecho de que algunas veces la energía mental sea mal dirigida, no disminuye su importancia en el progreso de la humanidad.

 

 

El ser, es decir, los aspectos físico, mental y moral que conforman la personalidad humana, tiene objetivos. No puede permanecer estático sin que ello cause desarmonía y varias perturbaciones a su personalidad. El intelecto interpreta como ideales los objetivos a los cuales aspira el ser. Los ideales se manifiestan en forma de impulsos emocionales y psíquicos que tienen su origen en lo más profundo del subconsciente: son producto de la "memoria de las células" y de las mutaciones de los genes transmitidas a través de innumerables generaciones en forma de ajustes a la vida.


Esos impulsos son también la reacción de la conciencia y de la Fuerza Vital misma ante las fuerzas universales de las cuales forman parte. Son como un tenue eco no muy perceptible que, sin embargo, es lo bastante persistente como para penetrar en nuestros pensamientos e influenciar la formación de otros nuevos. Esos impulsos constituyen el deseo moral que nos obliga a adaptar a él nuestra conducta para que conduzcamos nuestra vida (física y mental) de tal modo que se satisfaga al ego. Nuestra filosofía de la vida, sea que la expresemos o no con palabras, se manifiesta en nuestros actos: tanto éstos como nuestros ideales deben concordar con los dictados del ser.


Una vida más plena

Las cosas por las cuales vivimos deben ser algo muy íntimo. Tienen que originarse en los elementos de nuestra propia naturaleza, pues de lo contrario la vida se convertirá para nosotros en algo ajeno e inútil. Regirnos por los convencionalismos sociales o seguir las costumbres de otros, como por ejemplo, "no quedarse atrás de los Sánchez", proporciona un placer puramente pasajero y superficial si esas prácticas no concuerdan con nuestros propios ideales. Carece de importancia el que lo que ustedes buscan en la vida concuerde con lo que otros buscan. Lo importante es que lo que buscan tenga valor para ustedes. Sus objetivos en la vida deben consumir la actividad de su cuerpo y de su mente, y satisfacer a los elementos de su ser. Vivir es actuar.


El ser animado debe lograr sus objetivos o fracasará. Desde e1 punto de vista biológico, producir un ser de la propia especie proporciona cierta satisfacción en la vida, pero no satisface a la mente. Es necesario estar siempre conscientes de nuestra naturaleza trina. Un objetivo puramente sensual (buscar exclusivamente placeres físicos a costa de no despertar el talento ni cultivar la mente) es limitar las posibilidades de lograr una vida más plena.

 

 

Evaluación de la personalidad

Es de vital importancia evaluar lo que representa para nosotros una vida digna de vivirse. Pregúntense por qué quieren vivir: es muy probable que la respuesta les cause impacto y, de hecho, tal vez sea difícil encontrar una respuesta. Cuando piensen que la vida es un medio para lograr un fin, ¿qué representa ese fin para ustedes? ¿Cuál actividad en la que pudieran ocuparse les proporcionaría mayor felicidad? Tal vez se trata de algo que ustedes no saben todavía, pero que esperan llegar a saber con el tiempo.


Luego pregúntense si "lo que buscan" está dentro de sus posibilidades. ¿Tienen la psiquis, la salud, la inteligencia y la voluntad necesarias para lograrlo? Más aún, ¿es lo que buscan un objeto, un estado o una condición? Si es un objeto, ¿consiste el placer que suponen les proporcionará sólo en saber que ya lo poseen? Algo que proporciona satisfacción sólo por el hecho de saber que ha sido adquirido, brinda un placer muy superfluo y momentáneo. Cuando el placer disminuye nos esforzamos por conseguir otro objeto cuya consecución podría ser también ilusoria.


Si lo que se desea poseer son cosas u objetos, deben obtenerse sólo como un medio para crear un placer más duradero. Si los medios con los que el objeto proporciona placer se limitan a sus propiedades o cualidades, pierde pronto su atractivo. Los placeres no pueden consistir en una sola clase de estímulos; tienen que variar o su monotonía se volverá tediosa. Por lo tanto, lo que se busca debe de ser un medio para crear una cadena de satisfacciones internas, o su atractivo durará poco. Los mismos principios psicológicos y filosóficos son aplicables a los objetivos que se relacionan con acontecimientos aislados: sus efectos no deben de ser momentáneos, sino también una causa de satisfacción futura.

 

El fin que uno persigue en la vida tiene que ajustarse a los cambios de las circunstancias, pues de lo contrario no cumplirá su propósito. Los objetivos en la vida son muy diferentes para los jóvenes, para las personas de edad madura y para los ancianos. Esto sucede especialmente con los objetivos relacionados con los placeres físicos. Un joven saludable puede desgastar su enorme reserva de energía en los deportes, por ejemplo, y podría enfocar en ellos sus facultades físicas. Los jóvenes tienen muy poca experiencia en base a la cual puedan formarse ideales que les estimulen internamente.


Por este motivo, tanto el cuerpo como el alma cambian con frecuencia de una actividad a otra; esto consume la energía vital, libera la tensión y proporciona placer. Sin embargo, tratar de tener en la edad madura los mismos objetivos que se tuvieron en la juventud, sólo causa frustración. A esa edad la persona ya no tiene la misma energía para desgastarla en actividades físicas ni para concentrarse en varias cosas. Por lo tanto, el esfuerzo le causa más insatisfacción que felicidad.


Aunque en la juventud se obtiene mayor satisfacción en los deportes y en experiencias externas siempre cambiantes, los jóvenes inteligentes también deben determinar lo que constituye para ellos un interés secundario en ese periodo de su vida. Ese interés secundario podría ser muy bien alguna actividad mental que requiere de razonamiento y habilidad, y que estimula la imaginación. Dejen que el joven piense que una de las cosas más importantes por las cuales vivir son los deportes y la búsqueda de intereses externos, porque esas actividades son necesarias en ese periodo de su vida.


Sin embargo, denle a saber que en su interior hay otras predisposiciones, es decir, que su mente tiene inclinaciones y talentos especiales, los cuales debe fomentar siempre que le sea posible. De esta manera él se dará cuenta de que la actividad mental puede proporcionarle placer, aun cuando la subordine a los intereses relacionados más estrechamente con la presente etapa de su vida. Esto le permitirá ajustar en forma natural su vida en un momento cuando las actividades propias de la juventud ya no le proporcionen satisfacción. Cuando la juventud llega a su fin, muchos hombres y mujeres se aferran patéticamente a objetivos que ya no pueden realizar. Como consecuencia, para ellos la vida ya no tiene atractivo ni sentido. Si ellos han cultivado deseos secundarios en su juventud, éstos se destacarán como un nuevo ideal y al lograrlo les dará nuevas satisfacciones.

 

 

El privilegio de elegir

No se interesen en objetivos que otra gente se inclina a establecer como algo habitual o ético. Ustedes mismos decidan qué podría darles más satisfacción en la vida. Sin embargo, no pierdan su tiempo ni la oportunidad de ser felices. Hagan del fin que persiguen algo extensivo, es decir, algo que vaya creciendo con ustedes en lugar de disminuir al paso de los años. Además, comprendan que no sólo las cosas cambian, sino que ustedes también cambian. Piensen más allá del momento. ¿Podrían dentro de veinte o treinta años obtener la misma felicidad en las cosas que ahora parecen proporcionársela? Elijan una fuente de felicidad que pueda desarrollarse con los años y sea una fuente inagotable de satisfacción.


¿Cuáles son algunas de las cosas por las cuales vivimos? Sólo podemos sugerírselas en el sentido más amplio. Cada quien debe seleccionar de entre cada clasificación, en base a sus inclinaciones personales. Una de esas clasificaciones son las bellas artes: pintar, dibujar, tocar un instrumento musical o cantar puede proporcionar placeres continuos a quien se inclina por esas actividades. Sin embargo, nadie debe tratar de hacer de alguna de las artes un medio de vida, a menos que una autoridad en la materia le indique que es extraordinariamente hábil en ella. Los esfuerzos de largas horas de práctica pueden disminuir el placer que proporciona la actividad.


La persona debe tener habilidades excepcionales y sentir el intenso deseo de dedicarse a alguna de las artes, así como estar dispuesta a ejercitarse hasta lograr la perfección y, al mismo tiempo, continuar disfrutándola. Por ejemplo, si la música les proporciona la mayor satisfacción emocional, entonces dirijan sus demás intereses sólo a satisfacer las necesidades y las obligaciones de la vida: dejen que la música sea su razón principal para vivir.


Lo mismo puede decirse a quienes tienen un profundo amor hacia el conocimiento, un anhelo que sólo se satisface leyendo buena literatura o estudiando alguna de las ciencias. Si su amor se concentra en lograr algo creativo, ya sea mental o manual, hagan de eso su objetivo en la vida. Inventen, construyan, experimenten o escriban. Si aman a la gente y les fascinan los logros, la historia, las exploraciones y los viajes del hombre, entonces hagan de eso su objetivo. Todo esto puede proporcionarles felicidad continua, porque se va desarrollando en proporción al tiempo y al esfuerzo que le dediquen.

 

 

¿Parece todo esto un objetivo egoísta? ¿Nos favorece sólo de manera individual?
Únicamente las cosas materiales y los objetivos que satisfacen exclusivamente los deseos sensuales pueden ser calificados de egoístas. Una persona cuyo objetivo es la música, el arte, la literatura, los viajes, la ciencia, la escritura o cualquier actividad creativa no puede ser considerada egoísta, porque todo lo que hace, lo que aprende y crea no le proporciona placer solamente a ella, sino que se agrega a una fuente en la cual otros pueden obtener felicidad.


Como analogía, la persona que se dedica a la fotografía no sólo cultiva su propio sentido estético por medio del cual experimenta la simetría de la forma y la armonía del color, sino que proyecta sus intereses a otros que contemplan los resultados de su labor. El ser de esa persona también encuentra satisfacción en el reconocimiento que se da a sus logros y los obvios placeres que otros encuentran en esos logros.


Una vida carente de algo por qué vivir es como un buque sin timón: navega a la deriva pues su curso es desviado constantemente por las condiciones a las cuales queda expuesto.
 

Por Ralph M. Lewis, F.R.C.
Revista El Rosacruz A.M.O.R.C. 


Publicado por cutronio @ 0:12  | Aplicaci?n pr?ctica
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