Mi?rcoles, 21 de septiembre de 2011

Una búsqueda de la inmortalidad   

Antes de que intentemos preparar alguno de los elixires chinos para la inmortalidad, ya sea el "Elixir de Nieve Escarlata y Perla Ondulante" o el "Elixir Blanco Sublimado o de Mercurio", sería prudente escuchar el consejo de Lao Tzu (mostrado arriba), con respecto a nuestros móviles y métodos. El versículo cincuenta y cinco del Tao Te Ching, expresa: Aquél que va en contra del Camino llegará a un prematuro final.  


Según veremos más adelante, la búsqueda de la inmortalidad emprendida por los chinos ha constituido un camino largo y difícil, que ha encerrado muchos peligros.


Afortunadamente para nosotros, la larga historia de este pueblo que ha intentado alcanzar un estado de eterna felicidad nos ha beneficiado, porque su gente nos ha dado a conocer sus descubrimientos acerca de la concordancia humana con la Naturaleza, o el Tao.


Entre todas las culturas que han buscado la inmortalidad, no cabe duda de que China ha hecho el esfuerzo más arduo. Sus métodos para alcanzar esa meta han sido muy variados; algunas veces han dado mucho énfasis a un solo método pero, por lo general, el planteamiento ha sido holístico.

 


 

Inscripciones en artefactos de bronce que datan del siglo VIII a. de C., revelan la constante preocupación de los chinos por lograr la inmortalidad. En aquel momento nació la búsqueda que más tarde produciría resultados profundos en sus conceptos acerca de la relación entre el hombre y la naturaleza. Esta semilla germinó produciendo un florecimiento filosófico que se extendió en múltiples ramas, aunque todas mantuvieron la misma intención.


La imaginación fue quizás el motivador principal que les condujo a buscar la inmortalidad. Historias fantásticas, embellecidas con los anhelos profundos y las esperanzas secretas de sus autores, difundieron la idea de que existían seres inmortales. De vez en cuando su extraordinaria presencia era atestiguada por unos cuantos afortunados. Los seres inmortales, alados o no, volaban ágilmente a través del cielo, siendo su único alimento el aire que respiraban. Mas, ¿dónde habitaban? ¿Querrían compartir con el hombre su preciadísimo secreto sobre la inmortalidad?


Los seres inmortales

El imperio patrocinó expediciones encaminadas a encontrar a los hsien, o seres inmortales. El emperador Wei (358-320 a. de C.), del Imperio Ch'i, financió costosos viajes para encontrar la afamada Isla donde habitaban los seres inmortales.


Conocida con el nombre de P'eng-lai, supuestamente estaba enclavada en algún lugar frente a la costa noreste de la China. Muchos soberanos continuaron este patrocinio, entre ellos el emperador Chao (311-279 a. de C.) del Imperio Yen.


Otra residencia tradicional de los seres inmortales fue la cumbre del monte K'unlun, en las remotas extensiones de China Occidental. Pero cuando las misiones imperiales no lograron encontrarlos ni en las montañas ni en el mar, se puso mayor interés en descubrir o desarrollar un método más eficaz.


Un factor importante que intensificó la búsqueda sagrada fue iniciado por el primer emperador de China, Ch'in Shih Huang Ti, más conocido como el "Gran Unificador", el primero que tuvo éxito en unir políticamente a la nación en el año 221 a. de C.


También fue el primer emperador que estandarizó el sistema monetario y la escritura china, que introdujo los carros con ejes de dirección, así como también unió muchos pequeños muros hasta formar la Gran Muralla. Fascinado por el concepto de la inmortalidad, su poder hizo posible que multitud de magos, llamados Fang Shih, se le unieran en la búsqueda para lograr la vida eterna.

 


Por razones personales, Ch'in Shih Huang Ti apoyó fanáticamente a los Fang Shih.


Después de tres fallidos intentos para asesinarlo, temía mucho por su vida.


Finalmente se retiró de la vida pública con el propósito de dedicar todo su tiempo y dinero a su nueva tarea de encontrar la inmortalidad.


Miles de Fang Shih ofrecieron sus servicios a la Corte Imperial, cada uno afirmando que poseía un método para alcanzar la inmortalidad: sus métodos se centraban en medios racionales. Ya que ante todo se buscaba la inmortalidad física, el método exitoso debía contener medios para prevenir que el cuerpo atravesara su acostumbrado proceso de envejecimiento. La solución lógica al problema era nutrir al cuerpo con elixires que le proporcionaran algo más durable que su constitución normal.


Tal como se piensa hoy en día, en ese entonces mucha gente opinaba que uno es según lo que come. En el concepto chino esto incluía los alimentos, los líquidos y la inhalación de aire puro. Como resultado, los Fang Shih hacían hincapié en un régimen dietético muy estricto, incluyendo la ingestión de hierbas y drogas, acompañada con ejercicios respiratorios y gimnasia, todo esto conducente a ayudar al cuerpo en su metamorfosis hacia el estado de inmortalidad.

 

 

Wei Tan
La búsqueda externa

La atención principal de la wei tan, o tradición externa, se centraba en tratar de retardar, tanto como fuese posible, el proceso de deterioro del cuerpo con una dieta apropiada y suficiente ejercicio. Junto con esto, y de suma importancia, era la producción alquímica de un elixir que, al ser ingerido, causara que el cuerpo físico se volviera inmortal. Pero, ¡pobre del patrono real que no hiciera que el alquimista bebiese primero del elixir, pues algunos brebajes resultaban fatales!


El más renombrado exponente de la alquimia china fue Ko Hung (280-340 d. de C. aproximadamente); fue el primero en quebrantar el secreto de la tradición oral. Con el tiempo reveló gran parte del conocimiento que poseía sobre el tema de la alquimia china, en la voluminosa obra Pao-p'u tzu. La tradición alquímica que fue seguida tan entusiastamente durante muchos siglos, proporcionaba a los adeptos muchos artículos extraños para ser ingeridos, entre los que se incluía plomo, plata, oro, dedalera, mica, perlas, hematita, jade, cuarzo, sulfuro y rejalgar.


La idea de incluir sustancias alquímicas en la dieta era ofrecer sustento al cuerpo con los elementos que se sabía con certeza tenían en sí mismos larga vida. Los métodos variados para preparar los elixires, incluyendo la pulverización de las gemas y minerales, su mezcla, remojo, calentamiento y almacenamiento resultó un esfuerzo útil, pues proporcionó a los chinos muchos logros laudables en química y mineralogía, una copiosa farmacopea e inventos tales como porcelanas, tintes para ropa, aleaciones metálicas, pólvora y el compás magnético. Sin embargo, la tradición de la búsqueda externa fracasó por no poder proporcionar un método para alcanzar la inmortalidad.

 

Nei Tan
La búsqueda interna

Los métodos externos antes mencionados se fueron convirtiendo gradualmente en métodos internos. Pese a que la confianza en los elixires cayó en desuso, persistió un gran interés en las prácticas orientadas a la salud, consideradas favorables para lograr la longevidad. Una de las razones para esto fue que se trataba de asegurar una larga vida satisfactoria, para luego lograr la inmortalidad por medios diferentes.


Lo que antes se buscara afuera, fue encontrado adentro. El trípode alquímico se convirtió en símbolo del cuerpo humano; el cinabrio y el mercurio, correspondientes a la dualidad yin-yang, formaron los polos de las energías del cuerpo. Las energías internas que circulan por el cuerpo fueron la mayor preocupación, puesto que se entendía que ellas son las verdaderas pulsaciones de la eterna fuente de la vida. El camino hacia la inmortalidad se convirtió en un "Retorno a la Fuente", obtenible sólo mediante la meditación.


La meditación china comparte con otras escuelas el deseo común de lograr la percepción del Absoluto. En la tradición china, la práctica de la meditación y su logro supremo son expuestos en la filosofía del taoísmo.

 

 

El Taoísmo

La esencia del taoísmo se halla en los escritos de los filósofos Lao Tzu y Chuang Tzu, y presenta una perspectiva simple de la realidad. Lao Tzu dijo: "Mis palabras son muy fáciles de comprender y es muy fácil ponerlas en práctica; sin embargo, nadie en el mundo puede comprenderlas ni nadie las pone en práctica" (Tao Te Ching, 70).


Teniendo presente esta franca simplicidad, podremos formarnos una idea sobre el concepto taoísta de la inmortalidad.


Primero, puesto que todas las cosas están sujetas al cambio, son temporales. Al igual que sucede con el cuerpo humano, a todas las cosas se les asignó una duración máxima de vida desde el momento cuando fueron formadas. Imitar los movimientos de los animales notorios por su longevidad, tal como la grulla y la tortuga, produce un efecto leve en la prolongación de nuestros años. Imitar la respiración fetal, conocida como "respiración embriónica", es también sólo una parte de la práctica necesaria para lograr la inmortalidad. Según se advierte en  Chuang Tzu, esto "muestra simplemente el deseo de lograr la longevidad".


El secreto taoísta de la inmortalidad estriba en que sus adeptos comprenden el "Camino" absoluto, el Tao. Constantemente se define al Tao como la Madre o la "Fuente de todas las cosas". A través del proceso de la meditación, el adepto taoísta "retorna a la Fuente", o "se enlaza con la Unidad".


Se descubrió que el proceso meditativo conocido como Alquimia Interna, necesaria para alcanzar el Tao, también era el sendero necesario para lograr la inmortalidad.


El proceso de la creación, explicado en el Tao Te Ching (versículo 42), es lo que cambia el proceso meditativo: El medio engendra uno; uno engendra dos; dos engendran tres; tres engendran una miríada de criaturas. La miríada de criaturas lleva sobre sus espaldas al yin y entre sus brazos al yang, y ambos son la combinación de las energías generativas.


Las Alquimias Interna y Externa comparten un vocabulario común, lo cual ha confundido a quienes no conocen bien la simbología del concepto. En un análisis final, el proceso de la meditación comprende un sistema complejo de simbolismo, usado para guiar el proceso de purificación del estado mental, hasta que la mente "retorna" a su prístina originalidad.

 


La mente calmada y clara

Si el cuerpo puede ser interpretado como un trípode, nuestra esencia espiritual y nuestras facultades mentales son sus ingredientes alquímicos. Para trasmutarlos en un Gran Elixir se requiere purificación mental, la cual se logra calmando a la mente a través de un apropiado refinamiento emocional y psíquico.


Una vez que la mente se ha calmado y esclarecido, se vuelve semejante a un espejo; refleja el Tao eterno y confiere a la persona todos sus potentes atributos mediante su mística "Identidad Celestial".

 

¨Ningún animal ni arma pueden infligir una herida fatal a la persona que se asemeja al Tao.¨ 

 

Lao Tzu pregunta: "¿Por qué sucede esto?" , y luego contesta: 

 

"Porque para ella no existe el reino de la muerte".
 

 

Por Michael A. DeMarco
Revista El Rosacruz A.M.O.R.C. 


Publicado por cutronio @ 18:08  | Alquimia
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