Jueves, 11 de octubre de 2012


La cuestión de si la apreciación estética es instintiva o adquirida, no ha hallado una respuesta satisfactoria y concluyente. Algunos psicólogos, especialmente a fines del siglo pasado y principios de éste, fundan sus conclusiones en que el hombre nace con cierto grado de apreciación de lo bello o por lo menos de la forma y el orden.


Los que se han ocupado de psicología infantil hacen excepción de algunos casos a este respecto; basan sus conclusiones en que muchos niños no aprecian el orden, la forma y la belleza, sino que a veces más bien demuestran marcadas tendencias a crear o gozar de la confusión y el desorden.


Los adultos tienen vanos grados de apreciación estética. La mayoría de nosotros aprecia las cosas que ordinariamente llamamos bellas; el individuo corriente aprecia el arreglo de los objetos o los detalles que están en debido orden.


Esta no es una tesis acerca de la filosofía de lo bello. Tendríamos que referirnos a la historia de la filosofía y a muchos escritos para llegar a nuestras propias conclusiones acerca de qué cosa, exactamente, constituye lo bello. Concederemos aquí que la belleza se expresa de muchas maneras por el orden, el sistema, y la expresión de colores y disposiciones o arreglos.


Hay pocas personas que no puedan apreciar la belleza de la naturaleza. El goce de esto varía mucho, desde quien apenas lanza una ojeada a una escena, paisaje, puesta de sol o cualquiera otra expresión visual de la belleza, hasta el individuo que halla satisfacción en semejante escena durante un tiempo largo.

 


El tiempo y el esfuerzo que se dedican a algo de índole artística o estética, depende verdaderamente de nuestras asociaciones, preparación e ideales. Al comprender que esta observación pudiera estar en contradicción con las conclusiones de algunos psicólogos modernos, llegaremos a la conclusión general de que hay una cualidad innata en todos nosotros para apreciar lo que está normalmente constituido y se cree que pertenece a la belleza, pero este sentido de apreciación puede aumentarse y entenderse en nuestra propia conciencia.


La apreciación estética es una forma de la comprensión de valores de índole intangible; es la consideración más sencilla, y tal vez la que más a menudo expresamos, de aquellas cosas que no están en el campo inmediato de la expresión objetiva y concreta. Como la mayor parte de nuestra vida está dedicada a lo concreto, lo objetivo, los hechos comprobados, no hay por que maravillarse de que nuestra apreciación de las cualidades estéticas alcance un mínimo, excepto por parte de aquellas personas cuyas actividades principales están en el campo de las bellas artes.


Sin embargo, si algún grado de apreciación de las cosas intangibles existe o puede existir, o aumentar en la mente del ser humano, constituye eso un punto de contacto para cada individuo entre el mundo material al cual está tan estrechamente relacionado y el mundo inmaterial de los valores espirituales que está fuera de las exigencias inmediatas del ambiente objetivo.


Es difícil concebir un individuo que dedique aunque sea poco tiempo a la apreciación de las cualidades estéticas del universo, tal como se hallan expresadas en las creaciones del hombre, y que posea, al mismo tiempo, ideas completamente opuestas a las prácticas estéticas, morales, sociales e idealistas de la humanidad. El ladrón, el asesino, el falsificador o el individuo que tiene un punto de vista tan degradado que cree que tiene derecho a toda satisfacción aunque cueste un sacrificio a otros, difícilmente será el tipo de persona a quien normalmente atribuimos algo de apreciación estética.

 


Por lo tanto, se concluye que si los ideales que ayudan a nuestra comprensión de las cosas mejores del universo, de los valores intangibles tal como se encuentran expresados en la naturaleza y por el hombre, pueden contribuir a la evolución superior del hombre, entonces resulta lógico que un mayor desarrollo a este sentido de apreciación aumentará el debido crecimiento físico, mental y espiritual de todos aquellos que dedican tiempo y atención a esta fase de la vida.


Podemos hasta llegar a decir que aquellos niños cuyo sentido estético se ha aguzado mediante una debida preparación, tienen menos probabilidades de llegar a ser delincuentes, y cuando adultos tendrán menos inclinación de dañar a otros, menos inclinación de trabajar por la guerra sino por la paz, o de ignorar los derechos y deseos de los demás. La apreciación estética puede llegar a ser un eslabón entre los individuos y los ideales superiores.


Hay una asociación estrecha entre los ideales más altos que el hombre puede concebir y su apreciación de la belleza, ya sea en el arte, la música, la naturaleza o en cualquiera otra forma que la perciba. Por lo tanto, vale la pena que el hombre se mejore, y mejore a su vez a la sociedad de que forma parte, y gracias a los ideales de esa sociedad, ayude a estrechar las relaciones de ésta con los valores superiores morales y espirituales del universo.


Si el hombre dedicara un poco más de tiempo y atención a la apreciación de los valores estéticos que pueda hallar en su vida, y si al mismo tiempo coloca sus experiencias objetivas en una categoría secundaria, podrá elevar su conciencia y sus conceptos hacia un plano más alto y más sublime.

 

Revista El Rosacruz A.M.O.R.C.
Marzo de 1951 


Publicado por cutronio @ 18:37  | Aplicaci?n pr?ctica
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