Viernes, 07 de octubre de 2011

 

Es una ley fundamental de la naturaleza que cuando dos cosas se mezclan surge como resultado una tercera, que no se parece en nada a ninguna de las que fueron sus componentes.


En este hecho se basa la ciencia de la química. Dos elementos químicos relativamente inofensivos pueden unirse y dar como resultado un peligroso explosivo. Lo que sorprende es que muy rara vez se considera esta verdad en lo que atañe a la alimentación. Después de todo, nuestro cuerpo es un laboratorio químico; ninguna substancia alimenticia se asimila y transforma en energía dinámica a menos que haya sido primero quimificada por procesos internos. Este hecho explica claramente por qué un alimento le hace bien a una persona y a otra no. La función química de los distintos cuerpos humanos cambia la materia prima contenida en los alimentos en substancias completamente distintas.


Consideremos, por ejemplo, la leche. Este es un alimento que ha resistido las pruebas del tiempo en lo que se refiere al valor nutritivo que se le reconoce. Aunque todavía hay quienes dudan del valor de la leche como alimento cabalmente importante para el hombre, la mayor parte de las personas opinan que es entre los alimentos sencillos uno de los más naturales y completos. Es por esto que constituye una dieta tan completa y excelente para los infantes.


Pero la leche puede ser mortal en ciertos casos. Cuando se combina con la sangre a la cual le falta cierta enzima, ocurren síntomas alarmantes. Hay pérdida de peso y apetito, diarrea, ictericia y algunas veces cataratas, y aun retardo mental. Con frecuencia ocasiona la muerte.
Esta condición es peculiar en los infantes recién nacidos, y se cree sea hereditaria. Consiste en que la enzima que convierte la galactosa de la leche en las células rojas de la sangre. La glucosa es un azúcar fácilmente asimilable, la galactosa no lo es.


Es fácil comprender, de acuerdo con lo dicho anteriormente, que cualquier alimento es adecuado para nosotros tan sólo en términos de la capacidad de nuestros cuerpos para combinarlo con la química interna ya existente.

Las substancias cítricas nos proporcionan otro ejemplo. No es muy necesario entrar en la aparente necesidad de comer frutas que, como las naranjas, son ricas en vitamina C. Los tejidos conjuntivos normales, así como los huesos, dependen grandemente de esta vitamina la cual tiene muchos otros deberes esenciales. Comiendo cantidades moderadas de frutas cítricas obtendremos bastante vitamina C, al igual que otras importantes substancias nutritivas.


De acuerdo con muchos dentistas, el comer demasiadas frutas cítricas causa caries y enfermedades de las encías. El Dr. Henry Hicks informa, después de quince años de investigaciones, que la ingestión continua de grandes cantidades de frutas cítricas puede causar: (1) hiperemia (como en el caso de encías sangrantes), (2) hipersensibilidad de los dientes, (3) aflojamiento de los dientes, (4) resorción del hueso. De acuerdo con el Dr. Hicks, el comer tres naranjas a la semana además de otras frutas, más una dieta balanceada y cuidado de la dentadura, producirá los mejores dientes.


En la química que se efectúa dentro de nosotros, la cantidad de alimento que tomamos es tan importante como la clase y calidad de éste.


Para llevar a cabo sus funciones, el cuerpo debe mantener un balance básicamente ácido en su condición química. Los jugos cítricos, cuando se combinan en la sangre en cantidades muy grandes, la alcalinizan. Esta condición interfiere con los procesos químicos y pueden ocurrir muchos y muy malos efectos.


El ácido cítrico de las frutas puede precipitar el calcio, haciéndolo inefectivo. Esto fue probado hace algunos años por un científico llamado Von Noorden. El calcio, además de entrar en la formación de los huesos y los dientes, ayuda a combatir la inflamación.


Así, pues, aunque los hechos relacionados con la química del cuerpo y su conexión con el alimento no indican exactamente que deberíamos dejar de comer frutas cítricas, podrían sugerir que debemos usar la sabiduría de la moderación en esto.


Un ejemplo interesante de cómo la química puede limitar el valor nutritivo de un alimento está en las espinacas. Es bien sabido que este vegetal, tan altamente recomendado, contiene ácido oxálico, el que se combina con el calcio para formar una sal que no puede ser ni completamente absorbida ni retenida.

 

 

A pesar de esto, no parece razonable dejar completamente a un lado esta excelente fuente de vitaminas y minerales. Sin embargo sería probablemente aconsejable, que las personas que comen gran cantidad de espinacas y otros alimentos que contienen ácido oxálico, incluyan en su dieta un suplemento para el calcio. Las personas que tienen una deficiencia en calcio deberían sustituir las espinacas por otros vegetales de hojas verdes.


Otro alimento que a menudo se ha considerado como haz luminoso de la ciencia en cuanto a la química del cuerpo, es la grasa. Hace tiempo que los médicos la vienen señalando con dedo acusador, como causante del exceso de colesterol en la sangre. Es sabido que en muchos casos el colesterol obstruye los pasajes de la sangre causando, por lo tanto, trombosis coronaria. Esto es indudablemente cierto cuando la grasa se come en grandes cantidades a través de una dieta que no está bien balanceada.


Mas los recientes experimentos del Dr. F. A. Kummerow de la Universidad de Illinois, tienden a probar que puede comerse sin riesgo bastante grasa si se combina con una ingestión suficiente de proteína. De acuerdo con los experimentos, no es meramente la ingerencia de grasa sino la presencia de ésta en el cuerpo, faltando la proteína adecuada, lo que causa en verdad una condición productora de colesterol.


Un especialista en nutrición de Harvard, el Dr. Frederick Stare, dice que las grasas deben estar presentes en el cuerpo para la asimilación perfecta de las vitaminas. Las grasas proveen, además, fuentes rápidas de energía e importantes ácidos grasos. Por estos motivos, las personas que están sometidas a un régimen para reducir su peso no deben eliminar por completo las grasas, ni tampoco ninguna otra persona, por esta misma cuestión.


En vista de los conceptos modernos acerca de la química del cuerpo, se aconseja a las personas que estén deseosas de perder peso que coman con moderación pero no que abandonen totalmente un alimento en particular. También se aconseja el ejercicio, especialmente caminar. El ejercicio es necesario para convertir las substancias nutritivas en proteínas para los músculos. Por tal razón, las personas que llevan una vida completamente sedentaria nunca reciben el valor total nutritivo de los alimentos que comen.

 

 

También hay elementos químicos que solos y en pequeñas cantidades no son especialmente peligrosos para el hombre. Mas si se combinan en el sistema humano y actúa sobre ellos la química del cuerpo, pueden producir efectos desastrosos. "Polyethylene sorbitan monlaurate" es un elemento químico que se usa para emulsionar y para conservar la frescura de cierta clase de pan. Fuera del cuerpo, este elemento es únicamente otro preservativo químico más sobre el cual hay diferentes opiniones en cuanto a si es o no peligroso cuando se usa en cantidades limitadas en los alimentos humanos. 

Pero un grupo de investigadores de la Universidad de Chicago esta tratando de descubrir qué sucede después que éste se combina dentro de un sistema viviente. Al experimentar con conejillos de indias, observaron que los animales que recibieron un 5 por ciento de este elemento químico, agregado en su alimento, empezaron a absorber mucho más hierro que otro grupo que no lo recibió. Después de veinticuatro horas, el primer grupo había asimilado un 60 por ciento del hierro radioactivo. El segundo grupo absorbió sólo un 20 por ciento.


Los científicos que llevaron a cabo el experimento lógicamente expresaron su preocupación.
Se preguntan si este preservativo químico no tendrá efectos similares en los humanos. Si es acumulativo en el cuerpo del hombre, puede eventualmente causar resultados funestos.


La absorción de demasiado hierro causa en los humanos una enfermedad llamada hemocromatosis. Esta se hace evidente por el daño que produce al páncreas, y porque la piel se torna de un color moreno. Es también posible que contribuya a la diabetes y a la cirrosis o endurecimiento del hígado. Cada vez se va generalizando más el acuerdo entre los especialistas en nutrición de que los preservativos químicos son nocivos a la salud.


La sal es otra substancia que están estudiando los hombres de ciencia. Se sabe hoy en día que la sal es un elemento esencial a casi todas las funciones del cuerpo. No obstante, el Dr. George Meeneeley, de Nashville, Tennessee, informó al "American College of Biology" que los experimentos hechos con algunos animales demostraron que la hipertensión subía en relación a la cantidad de sal que se ingería.

 

 

Otros dos doctores, Lewis K. Dahl y R.A. Love, del "Brookhaven National Laboratory," llevaron a cabo un experimento que les inclina a creer que un régimen sobrecargado de sal, comenzado y mantenido desde temprana edad, puede ser un factor causante de la alta presión arterial (hipertensión). En una investigación hecha con 1346 personas puestas bajo distintas dietas de sal, sólo una entre 135 de las que tuvieron una dieta baja de sal desarrolló síntomas de hipertensión.


En vista de esto, y con el conocimiento de los factores que se combinan, tales como los discutidos en este articulo, la ciencia está tratando de descubrir un elemento químico que contrarreste el factor, en la sal, que causa la alta presión. Es posible, dicen los investigadores, que el cloruro de potasio resulte eficaz para esto.


Probablemente, nuestra actitud en cuanto a la cantidad de sal que debemos comer debería regirse por los resultados obtenidos en los experimentos llevados a cabo por Milo Hastings, del "Physical Culture Research Laboratory" de Broadway, Nueva York. Sus experimentos practicados con animales probaron que la sal en exceso les hizo deteriorarse físicamente mientras que una pequeña cantidad de ésta hizo que su salud prosperara.


Los doctores en medicina señalan el uso excesivo de la sal como causante de muchos males, desde el cáncer hasta el debilitamiento de los riñones. Aún está por lograrse una evidencia experimental concluyente. Pero la opinión ya aceptada es que un poco de sal, en las personas de buena salud, es beneficiosa, resultando peligrosa si se usa en exceso. Esto nos demuestra una vez más la importancia de regular la cantidad de los alimentos que comemos, así como su tipo y calidad.

 


Es también importante recordar que los alimentos que comemos pueden tener algunas cualidades que nos afecten adversamente, así como otras que reaccionen favorablemente en nosotros. Por ejemplo, a una persona obesa que acostumbre tomar leche sin desnatar puede que le afecte adversamente el alto contenido de grasa que ésta tiene, pero puede que le afecten favorablemente el calcio y demás minerales y vitaminas. En este caso la solución sería que dicha persona, que ha sobrepasado su peso normal, tomara leche desnatada. De esa manera continuaría ingiriendo los elementos de salud que necesita, evitando los que la mantienen sobre peso.


La grasa que necesitara podría obtenerla de alimentos menos concentrados.
Al escoger nuestros alimentos debemos considerar cuidadosamente nuestra química personal interna y establecer el debido equilibrio entre ésta y el alimento que intentamos llevar a nuestro sistema. Los elementos nutritivos trabajan con interdependencia, es decir, nunca trabajan por sí solos. Y obran siempre de una manera peculiar en el laboratorio de cada cuerpo humano. Es tan sólo mediante la combinación adecuada de los alimentos, y una reacción interna armoniosa que permita una asimilación sin perjuicios, que puede obtenerse la verdadera nutrición.

 

Por Jack Roland Coggins
Revista El Rosacruz A.M.O.R.C. 


Publicado por cutronio @ 2:12  | Salud
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